A través de la historia de la humanidad nada ha sido más cierto que esta alocución latina, “Homo hominis lupus,” la cual insertó el escritor y filósofo inglés Thomas Hobbes en su libro “El Leviatán”.

Es “El Leviatán” una de las obras de más reconocimiento del autor inglés, y para la cual escogió este despreciable nombre como para querer acentuar en el estado natural del hombre que parece llevarlo de manera constante a una lucha continua contra su prójimo, actuando como esa temida bestia marina de la cual da cuenta el Antiguo Testamento, y a la que además cataloga como una peligrosa y huidiza serpiente.

Similar consideración a la de Hobbes hace el sicólogo Erich Fromm, el mejor discípulo de Freud, y quien en su libro “El corazón del hombre” describe de forma magistral la manera destructora como se comporta el ser humano, haciéndose la pregunta si el hombre es lobo o es cordero; o si es bueno o es malo.

Dice Fromm, que para muchos, el ser humano es un cordero de acuerdo a sus necesidades, conveniencias o ideas que lo llevan casi siempre a estar a los pies de un sistema político o de una persona en particular.

Para otros, continúa el sicoanalista, el ser humano es un lobo, pues es capaz de ser sanguinario, traicionero y provocar la muerte a otros seres humanos; lo que conllevó a pensar al científico, de acuerdo a estas consideraciones, que el ser humano es cordero o lobo, de acuerdo a las circunstancias y a sus conveniencias.

Asistimos en estos momentos en la ciudad de Cartagena, en especial en el entorno que dice estar vigilante de la administración pública, a una etapa de peligrosos “leviatanes” que de manera despiadada e inhumana se comportan como lobos feroces contra “todo lo que se mueva” en el ejercicio que como alcalde ejecuta William Dau y su gobierno.

Es un particular comportamiento que con precisión encaja en la descripción que Fromm hace del hombre como lobo cuando le han afectado, de manera narcisista, sus propios y mezquinos intereses.

De todas las embestidas de estos “leviatanes” contra la administración distrital, una de las que más ha dejado al descubierto la perversidad de sus autores, y su comportamiento como lobos feroces, es el inclemente, cruel y despiadado ataque contra la señora Cynthia Pérez Amador, una tecnóloga y humilde trabajadora a quien el alcalde, bajo sus consideraciones jurídicas y discrecionalidades, le concedió lo que se conoce como OPS, y el título honorífico de “Primera dama”, con una asignación mensual de siete millones de pesos.

Lo más curioso de todo es que esta denuncia procede de una persona que por sus bajas calificaciones éticas y conductuales estuvo de inquilino en un centro carcelario de la ciudad, así lo registró “El Universal” del 26 de marzo de 2014, y quien además estila por atiborrar con derechos de petición, a manera de acoso, a los servidores públicos; y que, a pesar de ello, sus cortesanos de los medios de la ciudad, lo secundan.

Pero la inquina por los 7 millones de Cynthia coadyuvada por “abogados de oficio” del seudo veedor, silencia las contribuciones que por seguridad social en cuantía de 812.000 pesos tiene que pagar la señora Pérez Amador, sin incluir estampillas y los gastos propios de la ejecución.

Finalmente, ¿Dónde estaban los veedores y quienes dicen ser periodistas cuando el exalcalde Manolo Duque tuvo como edecán en su despacho, al señor Felipe García, del que se desconocen sus calidades académicas; o cuando Dionisio Vélez designó a Linda Porto como directora del Teatro Adolfo Mejía, sin culminación de estudios secundarios; o cuando el exgobernador Miguel Navas nombró como Secretaria de Educación a “La Chica” Morales, prima de su esposa, y sin formación académica superior?

Por: Álvaro Morales de León