Homofobia bíblica y otros aspectos sexuales

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Primeramente se ha de decir que, el término homofobia literalmente significa “miedo a lo mismo”, sin embargo este vocablo se ha relativizado para designarlo solo a las actitudes homosexuales.

Por otra parte, la comunidad homosexual actual, a menudo insiste en hablar de la persecución que sufre. Sin embargo, en lo que se refiere a Occidente, no existe una homofobia como tal, es más, en la mayoría de naciones las personas homosexuales realizan con libertad marchas en calles y demás sitios públicos, además se les ha aprobado en varios países los “matrimonios del mismo sexo” y la mayoría tienen sus empleos.

Incluso, hasta hoy tampoco existen ataques contra sus comunidades, es más, el ataque en una discoteque el 12 de junio del 2016, en la ciudad de Orlando, Florida, ni siquiera fue a manos de un heterosexual, sino de parte de un desquiciado bisexual.

Pero aparte de esto, sí es cierto que en la Biblia se evidencia la repulsión a la homosexualidad. De tal manera, desde el Antiguo Testamento en varios pasajes se aborda el tema. Por eso en Levítico 20.13 aparece:

“Si alguien se acuesta con un hombre como si fuera una mujer, se condenará a muerte a los dos y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame.”

Posiblemente, en aquellos tiempos, realmente tal acto implicaba la muerte, actualmente desde el punto de vista teológico puede indicar la muerte espiritual, de quienes se entregan a esa forma de vida. En Apocalipsis 22.14 se dice: “Pero fuera se quedarán los pervertidos, los que practican brujería, los que cometen inmoralidades sexuales…”

San Pablo expone su posición respecto al homosexualismo en Romanos 1. 22-28 de la siguiente manera:

“Alardeaban de sabios, pero resultaron necios, cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles, de aves, cuadrúpedos y reptiles.
Por eso Dios dejó que fueran dominados por sus malos deseos, que degradaban sus propios cuerpos.

Como cambiaron la verdad de Dios por la mentira, veneraron y adoraron la criatura en vez del Creador bendito por siempre, amén, por eso los entregó Dios a pasiones vergonzosas. Sus mujeres sustituyeron las relaciones naturales con otras antinaturales. Lo mismo los hombres: dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en deseo mutuo, cometiendo infamias hombres con hombres y recibiendo en su persona la paga merecida por su extravío. Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a una mente depravada, para que hicieran lo que no es debido.”

Por otra parte, es posible escuchar las más variadas opiniones, tales como la barrabasada que se dejó decir cierto día el abogado costarricense Marco Castillo, líder de grupos LGBTI, en cuanto a que en la historia se conoce a muchos santos que fueron gay. Eso no es cierto, pues aspirar a la santidad, implica dejar el alcoholismo, adulterio, robo, asesinato, homosexualismo, brujería, entre tantos pecados más. Por eso en la primera carta de Pedro 1.1-16 se dice: “Al contrario, vivan de una manera completamente santa, porque Dios, que los llamó, es santo, pues la Escritura dice: ‘Sean santos, porque yo soy santo’.”
Pese a lo anterior, en dado momento algunos acuñaron el concepto de orientación sexual donde se incluye a la homosexualidad, pero ese aspecto realmente es una desorientación espiritual. Es más, parece que muchos no tienen claro el sentido de complementariedad de las cosas, aspecto que por cierto está bien fundamentado en lo que dice Génesis 1.27-28:

“Entonces Dios creó al hombre, lo creó a su imagen; varón y mujer los creó, y les dio su bendición. Tengan muchos hijos, llenen el mundo y gobiérnenlo…”

Más adelante en Génesis 2.18-24 se expresa:

“Luego, Dios el Señor dijo: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él…. Entonces Dios hizo caer al hombre en un sueño profundo y mientras dormía, le sacó una costilla y le cerró otra vez la carne. De esa costilla Dios el Señor hizo una mujer, y se la presentó al hombre, el cual al verla dijo: ¡Esta sí que es de mi propia carne y de mis propios huesos! Se va a llamar mujer, porque Dios la sacó de hombre. Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llagan a ser como una sola persona.”

Ciertamente, el pasaje anterior es una figura literaria pero que también trata de enseñar el fundamento procreador del matrimonio, y que además plantea el sentido esencial de la familia. Claro, esto no demerita que una familia pueda contener otros vínculos afectivos entre personas, pero siempre y cuando no medien intereses egoístas o relaciones peligrosas (donde una persona es objeto de manipulación, o de relaciones sexuales en situaciones impropias).

Pero lo cierto es que, no se debe sustituir o eliminar el valor ético de dar vida, a través de la relación natural entre hombre y mujer. Por ejemplo, la clonación humana es un asunto que plantea un abuso de los hombres de ciencia, al pretender sustituir el sentido parental normal, del varón o de la mujer.

Otras actitudes desvirtuadas son la donación de semen, los vientres de alquiler o alojamiento gestacional, lo cual conlleva a formas de prostitución e incluso de adulterio técnico o clínico. Es más, incurrir en esas cosas es pretender comer del árbol de la vida o tratar de levantar más torres de Babel, para ver dónde está Dios, por mera curiosidad.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos.