Honrar la vida

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Estar solo no es lo mismo que sentirse solo. Ortega y Gasset escribió que “la vida humana es esencialmente soledad, radical soledad, sin una retirada estratégica a sí mismo, la vida humana es imposible”. El hombre necesita apoyarse en cierta medida en su soledad y el auto conocimiento y desarrollo espiritual de las personas  trae beneficios  físicos y mentales. Pero cuando la soledad no es una elección puede afectar la salud, en especial de los adultos mayores.

Salud y soledad se relacionan de manera estrecha. A cualquier edad de la vida las personas más solas son las que se sienten más enfermas. A su vez, a más edad, tanto enferma como sana, las personas tendemos a sentirnos más solas, por diferentes motivos tales como la retirada del ámbito laboral, la dependencia económica o la disminución de la vida social.

Se estima que el 10% de los adultos mayores padecen de soledad maligna, es decir, soledad por diferentes circunstancias que la persona no elije, y la cual afecta su salud física y emocional. De todos ellos, un 70%, tiene un problema de salud psicológico o físico asociado a la soledad. Según el director del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas (IIP), el doctor Manuel Martín Carrasco, las enfermedades más comunes causadas por el estado de soledad son “la hipertensión arterial, la diabetes, las infecciones repetidas, la ansiedad y la depresión”. Soledad y salud, por tanto, son itinerarios bidireccionales que se implican: La soledad muchas veces se vive como una enfermedad, o trae de la mano enfermedades que al mismo tiempo agravan el aislamiento y contribuyen al aumento del sentimiento de soledad.

En la sociedad actual, donde prima la juventud, el cambio y el anhelo de futuro, los mayores quedan fuera de escena. Mujeres y hombres gastan fortunas por evitar el paso del tiempo, como si las marcas en la piel de haber vivido, de haber recorrido caminos no fueran algo por lo que estar orgullosos.

Se estigmatiza la vejez y se in visibiliza a los adultos mayores, se los silencia porque creemos que ya no tienen nada que decir.

No somos todos iguales. Las diferencias, nos hacen personas, pero si hay algo que compartimos todos los seres humanos es que todos seremos viejos. El miedo a la muerte en la sociedad occidental preocupa a todos, pero no así la importancia de acompañar a los adultos mayores a transitar sus últimos años. Cuidar y acompañar para honrar los años, para honrar la vida.

Clara Presman
Periodista

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