Iglesia humanidad y progreso

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En mayo de 1967, el distinguido Papa Paulo VI, dio al mundo la encíclica Populorum Progressio con la noble intención de exhortar a la humanidad y gobiernos del mundo, sobre la búsqueda y concertación entre las fuerzas y actores, del desarrollo humano.
Entonces, el Magisterio de la Iglesia, a menudo ha pedido que se detengan aquellas acciones que causan desigualdad, así por ejemplo, expone, que las naciones desarrolladas afectan a las que intentan progresar integralmente. A eso se suma la preocupación de sociedades que en su intento de desarrollo, a veces polarizan la tenencia de los medios económicos en grupos (a favor del frío liberalismo económico, o de los mal entendido esquemas comunistas).

En algunos países está la presencia de sindicatos, que solo se preocupan por depredar al Estado, lo cual es otro aspecto que afecta a nuestra sociedad. En otras palabras, los sindicalistas, poseídos por los demonios de la codicia, solo buscan nutrir a sus agremiados con salarios abultados por los privilegios.

La encíclica referida, en su punto 14, destaca la importancia de un desarrollo integral, eso permite inferir que se deben buscar formas que no pasen de ser meros medios paliativos o que solo se limiten a regalar cosas o dinero, pues de lo contrario no se saldrá de un mundo de personas “indigentes” o individuos en pobreza sostenida. Y es que en estos aspectos, ciertos gobiernos, no han buscado verdaderos medios para integrar a más personas, al verdadero desarrollo económico.

Claro, la encíclica en cuestión, en su punto 26 sostiene que el lucro no se debe ver como el único motor del progreso económico, y en el punto 31 se advierte que las revoluciones (políticas) a veces engloban nuevos desequilibrios, y nuevas ruinas. A eso se suma el enunciado, de que el hombre es verdadero hombre en la medida en que es dueño de sus acciones.

En términos más globales o integradores, el Magisterio de la Iglesia, considera que el progreso debe estar apoyado por la alfabetización, la importancia de la familia, y hasta por el equilibrio demográfico. Pero en lo demográfico, la Iglesia mediante una corriente innovadora considera que los matrimonios deben planificar la cantidad de hijos, eso sí, sin que esa demografía esté condicionada por los métodos anticonceptivos, que atentan contra la vida del individuo concebido.

Retomando, el aspecto de la búsqueda del progreso humano también el Magisterio pone de relieve la preocupación, por la presencia de las ideologías totalitaristas y las neoliberales, que pretenden solucionar los problemas socioeconómicos (con formas de violencia y luchas de clases asistidas por guerrillas o actos terroristas).

En síntesis, hablar o prometer progreso a las clases trabajadoras no es un asunto tan fácil, pues si no están presentes los legítimos valores de igualdad, dignidad y respeto, todo intento será inútil o un simple idealismo.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos