La Iglesia del siglo XXI, ciertamente debe tratar de impregnarse de la modernidad, o sea, replantear más a fondo aspectos que de alguna manera se trataron de definir desde el proceso, del Concilio Vaticano II. Sin embargo, esa modernidad no debe confundirse con el vil modernismo (por cierto aspecto muy repudiado en el pontificado de San Pio X) que ha sido una ideología peligrosa (a favor de los Estados laicos), que además promueve aspectos como el mal llamado aborto terapéutico, el matrimonio homosexual, el desprecio por los valores cristianos, entre otras cosas.

En cambio, la modernidad espiritual ha de implicar una revisión incluso de los preceptos milenarios desde el judaísmo (extremista) que están mal entendidos, pero que lamentablemente han influido sobre el cristianismo.

Pongamos ejemplos de lo dicho; en el tema de la procreación humana, algunos insisten en que Dios al darle la bendición al género humano (creced y multiplicaos), eso implica oponerse a la planificación familiar. La misma Iglesia se opone a los métodos y formas de anticoncepción o anticonceptivos incluso del condón, pues se argumenta que eso inhibe el sentido de amor conyugal, inherente a la acción procreativa.

Pero la realidad humana es otra, basta saber de miles de niños que nacen de mujeres problemas mentales, drogadictas, o indigentes y que tienen relaciones promiscuas (de forma irresponsable).

En cambio, toda gestación de vida humana debiera ser en condiciones de dignidad, pues no está bien abortar o dejar bebés tirados en la calle, en basureros u otros lugares. Ante estas situaciones, las instancias de salud de cada país, debieran realizar estudios de las condiciones sociales y psicológicas a las mujeres, que ya han tenido un primer hijo. Si se evidencia que esas mujeres presentan serios problemas como los anteriores, sería menester realizarles la esterilización, y en este sentido la misma Iglesia debe estar abierta a esa acción, sin condenarla.

Pasando a otro tema; ahora es moda tratar de aprobar los “matrimonios homosexuales”, en este sentido la Iglesia debiera exponer con severidad ante el mundo el inconveniente que implica eso, contra la moral cristiana.

En el tema, de si las parejas divorciadas se pueden volver a casar o convivir con otra persona, el Magisterio de la Iglesia debe enfatizar que en este tipo de relaciones no debe mediar el contacto sexual, en tanto uno o ambos concubinos, no estén en condición de viudez.

Sobre el tema del supuesto ecumenismo (armonía entre personas de distintas religiones) que se debe dar en el mundo, la Iglesia debiera dar lineamientos a los católicos en el sentido de que debemos respetar las creencias de las gentes de otras religiones, pero también en el sentido de que debemos exigir respeto a las personas protestantes, que a veces pretender humillar y condenar a los católicos, por la doctrina que seguimos o creemos

Resumidamente, debemos entender que, no solo los aspectos tratados deben ser objeto de estudios, sino una serie de dogmatismos y de lineamientos catequéticos que hasta la fecha no están claros para los católicos mismos e incluso para el clero, ya se trate del tema del celibato sacerdotal, la realidad del infierno, la castidad, entre otros.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Escritor, analista y comentarista de temas cotidianos