A mediados de 2017, el dilema entre el acceso a la electricidad y el Cambio Climático ha perdido validez. Los precios de la energía solar y eólica están bajando dramáticamente, poniendo tales tecnologías al alcance de algunas de las personas más pobres del mundo. Al mismo tiempo, la iluminación doméstica básica y los aparatos, son cada vez más eficientes.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible número 7 exige un acceso universal a la electricidad para 2030. Las fuentes verdes podrían ser una de las vías de alcanzarlo, puesto que cada vez más, la gente está viendo a las energías renovables como una opción vaída y asequible.

Un sistema solar doméstico que hace cinco años habría alimentado una bombilla y un móvil, hoy puede abastecer, por ejemplo, el consumo de tres bombillas, un cargador, una radio, un pequeño televisor y un ventilador.

El costo de los sistemas de paneles solares domésticos, de las baterías y de las instalaciones ha disminuido de forma continua y creciente desde el año 2009, según demuestran las estadísticas del Banco Mundial.

Eso no quiere decir que el desafío del acceso mundial a la energía deje de resultar inmenso, puesto que en la actualidad 1,06 millones de personas (aproximadamente el 15% de la humanidad) carece de acceso a la red eléctrica.

Objetivo difícil de cumplir

A las tasas actuales de crecimiento, el Banco Mundial no considera que todos los países que se han comprometido a ello, estén en condiciones de cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7, por muy diversas razones.

Prevé que sólo el 91% del mundo lo logrará y aproximadamente 750 millones de personas seguirán experimentando altos niveles de pobreza energética. Al día de hoy, solo la India tiene todavía más de 250 millones de habitantes sin redes de electricidad confiables.

¿Soluciones?

Las microredes que localizan la oferta y la demanda y los sistemas de energía solar individuales, múltiples o cooperativos, podrían ser la solución, independientemente de la red. En las zonas rurales las tecnologías fuera de la red tienen una ventaja de costos importante y proporcionan una mayor y mejor calidad de servicio.

Los países de África Oriental como Kenia, Ruanda, Tanzania y Uganda son ejemplo de lo que se puede conseguir. Cada uno tiene un plan nacional centrado en la energía limpia y alternativo a la red, especialmente en las poblaciones de escasos recursos.

Estos planes incluyen la creación de mapas espaciales según la densidad de población, para saber dónde instalar micro-redes, que combinan varios tipos de generación de energías renovables y dónde, sistemas domésticos solares (individuales o conjuntos).


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