Descansar lo suficiente nos permite recargar energías para realizar nuestras actividades cotidianas. No obstante, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), millones de personas no pueden conciliar el sueño. La entidad sostuvo en su último informe que el 40 % de la población mundial duerme mal. Solo en Estados Unidos, se estima que al menos 10 millones de adultos padecen insomnio.

Lo malo de dormir poco son las consecuencias fisiológicas y psíquicas, como el estrés o la ansiedad, además de impactar negativamente al día siguiente. No obstante, las consecuencias a largo plazo pueden perjudicar seriamente la vida normal de las personas. Especialistas sostienen que la falta de descanso aumenta el riesgo de padecer sobrepeso u obesidad, hipertensión y otras enfermedades cardíacas.

Asimismo, el insomnio afecta al bienestar general y a la calidad de vida de quienes lo padecen. Un cuadro de estrés o ansiedad ante algún problema puede causar un insomnio puntual, pero, si se vuelve constante, puede transformarse en una enfermedad crónica.

Entre las consecuencias más frecuentes del insomnio tenemos la excesiva somnolencia en las mañanas, ronquido, apnea del sueño, sospecha de epilepsia nocturna, entre otros. Además, el tratamiento farmacológico no suele resultar efectivo en personas que padecen el insomnio de forma crónica.

Los especialistas aconsejan acudir a una entidad especializada del sueño donde realicen exámenes médicos completos del paciente y un estudio del sueño. De esta forma, se conocerá mejor el cuadro clínico que presenta la persona y se aplicará un tratamiento adecuado para cada caso.

Con la historia clínica y la polisomnografía nocturna (estudio del sueño), se conocerá el origen y las características del insomnio, de modo que el problema se tratará de forma individualizada y desde un punto de vista multidisciplinar, a  través del cual el paciente podrá ser redirigido a distintos especialistas como neumólogos, odontólogos, neurólogos, entre otros.

Por otro lado, los expertos coinciden en la importancia de corregir los comportamientos que dificultan la conciliación del sueño para reemplazarlos por buenos hábitos que contribuyan a la higiene del sueño. Uno de estos factores es la alimentación. De acuerdo con la especialista de MONEDEROsmart, Alejandra Flores, hay ciertos nutrientes que favorecen el sueño y otros que lo dificultan.

“Hay alimentos como la miel que son conocidos porque facilitan el sueño. Por otra parte, tenemos a los productos lácteos, los cuales producen relajación en el cuerpo y hacen que el sueño sea más favorable. Además, es recomendable cenar dos horas antes de irse a dormir, así como evitar alimentos y bebidas estimulantes. De igual modo, se aconseja ir a dormir temprano y evitar mirar pantallas en la cama, puesto que ello dificultará la conciliación rápida del sueño”, sostiene.

Tener un buen sueño favorece a la salud en general y estimula el correcto funcionamiento de los sistemas inmunitario y hormonal, por lo que nos garantiza un buen estado físico y mental.