El proyecto Nemo’s Garden, que se podría traducir como “Jardín de Nemo”, desarrolla la propuesta de invernaderos subacuáticos en el fondo de las profundidades marinas. La idea ya tiene lugar en Italia, en la Bahía de Noli. Fresas, judías, ajos y lechugas son algunos de los alimentos que se cultivan y que resultan con una calidad excelente. Y aunque los productos no tienen nada que envidiar a los sembrados en suelo terrestre, el proyecto tiene una razón de ser.

El 70% de la superficie terrestre está cubierta por agua y el 30% restante no es toda cultivable, si tenemos en cuenta ciudades, zonas con climas extremos… Y en una sociedad con plena explosión demográfica, en la que se espera alcanzar los 9.700 millones de habitantes en 2050, el espacio de cultivo es un problema.

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“Queda poca tierra cultivable. Se puede ampliar con algunas zonas de África y de Sudamérica, pero no se va a hacer. Si el calentamiento global continúa, podrían volverse cultivables zonas del norte de Rusia y Canadá o Siberia”, comenta Elías Fereres, presidente de la Academia de Ingeniería (RAI). “La agricultura se enfrenta al desafío de producir más alimentos para la creciente población mundial.”

Nace por tanto esta iniciativa, sostenible y respetuosa con el medio ambiente, que intentará aportar su granito de arena en la preservación del entorno y plantear una alternativa a la agricultura convencional.

“Todo el proceso de cultivo es respetuoso con el medioambiente. No consumimos energía para tener una temperatura estable, sino que se crea por un proceso natural. El agua que usamos no vuelve contaminada al océano. Este ecosistema está a salvo de parásitos, por lo que no necesitamos pesticidas. Y plantamos en un área considerada no cultivable, es decir, ampliamos el espacio para la agricultura sin necesidad de talar bosques o usar recursos limitados como el agua”, cuenta Luca Gamberini, portavoz del proyecto, en una entrevista con el medio El País.

Además, el prototipo funciona sin exigir muchos requerimientos más allá de la temperatura, la humedad y la luz solar, y se espera poder llevarlo a otros países lo antes posible. Los últimos tres años se han cultivado hasta 25 variedades de vegetales. Unos agrinautas se encargan de la siembra y los cuidados, y se comunican con una torre de control en el exterior.

Gamberini defiende que con el propósito de sostener nuestro medio ante el peligro que supone la explosión demográfica, deben surgir nuevas puntos de vista y nuevas ideas en las que tanto el hábitat como los habitantes salgan vencedores.

Por: Raúl González García
Periodista