Prohibido desde el año 1989, el comercio internacional de marfil sigue diezmando elefantes llevándolos al borde de la extinción. Es por ello que, un equipo de investigadores dirigido por Samuel Wasser de la Universidad de Washington, acaba de desarrollar una nueva herramienta para combatir el comercio ilegal de marfil y por ende evitar más muertes de elefantes. A partir de análisis de ADN tomados en marfil confiscado en diferentes países durante el período 2011-2014, descubrieron la existencia de tres cárteles y pudieron dibujar las cartas de este tráfico clandestino, publicando así los resultados de su trabajo en la revista Science Advances.

Los investigadores estudiaron 38 incautaciones de marfil en todo el mundo entre los años 2011 y 2014, cuando el tráfico estaba en su punto más alto. “Puede pensar que no podemos detener la caza furtiva porque las áreas son demasiadas”, dice Samuel Wasser. “Nuestro trabajo muestra que es exactamente lo opuesto. El marfil incautado proviene de un número muy limitado de áreas que han cambiado muy lentamente en la última década”.

Pero la pregunta es ¿Por qué los cazadores furtivos continúan escapando de la justicia?

La respuesta es que ellos conocen estas áreas muy bien y porque siempre tienen muy poco marfil cuando son arrestadas. Por el otro lado, “El marfil se vende a intermediarios que lo revenden ellos mismos internacionalmente”, explica el científico.Nuestra herramienta permite conectar con precisión los carteles a los individuos”. Mediante la vinculación de las varias defensas a las áreas originales de los elefantes, los investigadores fueron capaces de entender los caminos tomados por el país a los traficantes de los compradores. Han identificado lo que parecen ser los tres mayores cárteles de contrabando en África, con sede en Mombasa, Kenia, Entebbe, Uganda y Lomé, Togo.

“Lo que parece particularmente importantes convulsiones comunican entre sí, es haber logrado elaborar un mapa exacto de tráfico”, continúa Samuel Wasser. “Podemos seguir el dinero y construir un archivo extremadamente sólido en caso de arresto” dijo.

Desafortunadamente, el arresto de traficantes rara vez conduce a condenas. En Kenia, en agosto, Feisal Mohamed Ali, presentado regularmente por la prensa local como “barón” del tráfico de marfil y fue condenado a 20 años de prisión en 2016, fue absuelto en apelación. El tribunal consideró que su condena en primera instancia era inconstitucional porque estaba basada en evidencia cuestionable o insuficiente.

Según los informes entregados por los investigadores, de los tres cárteles descubiertos por científicos, al menos dos son blanco de investigaciones en curso. “Por supuesto que no podemos entrar en detalles”, explica Samuel Wasser. “El uso del ADN permite la asistencia mutua internacional entre los exportadores e importadores de marfil”. Agregando que, “en este tipo de situación, hay vuelos de pruebas regulares. Tuvimos la suerte de poder construir estos enlaces antes de que la evidencia desapareciera”.

Aproximadamente el 70% de las incautaciones de marfil realizadas entre 1996 y 2011 se realizaron en grandes remesas de al menos media tonelada. Al vincular con éxito sus decomisos a diferentes cárteles, los investigadores proporcionan herramientas para confundir y condenar a los traficantes. Pero este esfuerzo solo puede ser útil si actúa simultáneamente en los países importadores.“La solución para la protección de los elefantes se encuentra en África y en los países solicitantes”, dice el portavoz de Stefan Ziegler para WWF Alemania. “Para eso, la legislación debe seguir fortaleciéndose” puntualiza Wasser. 

En Europa, el comercio de marfil, por ejemplo, no está totalmente prohibido. El marfil que data de antes de 1947 puede intercambiarse libremente, el que data de 1947 y 1990 puede venderse solo con una licencia estatal y, finalmente, el de después de 1990 no puede de ninguna manera ser objeto de venta.

En el pasado mes de junio, un estudio de la ONG Avaaz mostró que, de los 104 objetos de marfil vendidos en varios países europeos, tres cuartas partes se colocaron ilegalmente en el mercado. “Las obras de Samuel Wasser son muy valiosas, sacan a la luz tres cárteles y les dan las herramientas para combatirlos”, continúa Stefan Ziegler. “Pero no sabemos si aún existen o serán reemplazados por otros nuevos”. “Hay esperanza para salvar a los elefantes, pero aún hay mucho por hacer” finaliza.