Los resultados han sorprendido incluso a los propios investigadores: en el hielo marino del Ártico se han encontrado más microplásticos que nunca, según indica Ilka Peeken, la autora del estudio publicado ayer en la revista especializada “Nature Communicatios”.

“La mayor concentración la encontramos en el Ártico central, donde se puede descartar la entrada directa de ríos”, señala. “No habíamos imaginado que las partículas podrían ser transportadas tan lejos”.

Los investigadores del Instituto Alfred-Wegener (AWI) de Bremerhavener, en Alemania, analizaron muestras tomadas en expediciones en 2014 y 2015. Para ello utilizaron un espectrómetro de rayos infrarrojos FTIR, que ilumina las partículas con luz infrarroja y analiza la radiación que reflejan. Los cálculos obtenidos mostraron que un litro de hielo podía llegar al contener más de 12.000 partículas de plástico.

Con este método los investigadores pudieron detectar partículas muy pequeñas, explican. Esta es una de las principales razones por las que descubrieron muchos más microplásticos que en un estudio anterior. Las diminutas partículas de plástico proceden sobre todo de la desintegración de trozos más grandes. Los microplásticos son fragmentos de plástico de entre unas pocas milésimas de milímetro y cinco milímetros.

Peeken cree que las partículas encontradas proceden del océano Atlántico y de la isla de basura del océano Pacífico, entre Hawaii y Norteamérica.

“Las muestras de témpanos de hielo de la cuenca canadiense contenían mucho plástico del que se usa para las bolsas de plástico, que están muy extendidas en Norteamérica”, dice Peeken.

Además en las aguas de la costa siberiana se encontró una gran proporción de partículas de pintura de los cascos de los barcos y restos de nailon de las redes de pesca. “Estos hallazgos prueban que tanto el aumento del tráfico naval como de la pesca en el Ártico deja huellas claras”, destaca la bióloga.

Más de la mitad de los microplásticos contenidos en el hielo es más pequeña de una vigésima parte de un milímetro. “Así los seres vivos más pequeños del Ártico como los cilióforos, pero también los codépodos los ingieren sin problemas”, según Peeken. Hasta ahora nadie puede decir de forma concluyente hasta qué punto dañan estas partículas de plástico a los seres marinos o si también suponen una amenaza para las personas.

“Pero ya sabemos por muchos estudios de laboratorio que, por ejemplo, los bivalvos sufren inflamaciones y los peces alteraciones en el comportamiento”, dice la coautora Melanie Bergmann, del AWI. “Otros animales se ingieren y crecen menos y se reproducen con menos éxito”.

Cada vez hay mas indicios que apuntan a que no solo los grandes fragmentos de plástico suponen un problema para los seres marinos, sino también aquellos que no son visibles a simple vista.


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