El 14 de Mayo de 1948, en Tel Aviv, el futuro Primer Ministro Davíd Ben-Gurión proclamaba la Independencia de Israel, el nacimiento del nuevo estado israelí.
Mientras acababa el mandato británico sobre el territorio sirio-palestino y las tropas del Reino Unido se iban retirando, varios países árabes – Egipto, Iraq, Líbano, Siria, Jordania – apoyados también por voluntarios libios, saudíes y yemeníes, comenzaban la invasión del recién nacido estado judío. Era la Guerra Árabe-Israelí del ’48, el inicio de lo que hasta hoy ha sido un continuo desafío para la superviviencia de Israel.

Así como en tiempos antiguos potentes pueblos aledaños acechaban y movían guerra contra las doce tribus de Israel (2 Crónicas 20, por ej.) y, al final, los agresores siempre salían perdiendo, porque el Dios de Israel luchaba al lado de su pueblo escogido, pues más de lo mismo ocurre en nuestra era contemporánea.

En estas siete décadas hemos asistido a decenas de guerras, actos de terrorismo, amenazas, secuestros de personas, aviones y barcos, chantajes, embargos petroleros, etc. pero el mundo árabe y anti-israelí no logra doblegar a este pequeño pueblo de casi 6,5 millones de judíos que viven en Israel y otros aprox. 7 millones que viven en el resto del mundo.

Estados Unidos y algunos países occidentales por lo general apoyan la causa israelí y los judíos que viven fuera de Israel de alguna manera, en cada emergencia, siempre acuden a su ayuda; sin embargo, los que tienen que embrazar fusil, conducir tanques, volar aviones, etc. son los locales – hombres y mujeres, jóvenes y mayores – y aún siendo un contingente limitado se han ganado a pulso la admiración del mundo y, en ocasiones, hasta del propio enemigo.

El 6 de Octubre 1973, cuando Israel celebraba con ayuno y oración el sagrado Yom Kippur (Día del Perdón o Arrepentimiento), tropas egipcias y sirias atacaron por sorpresa entrando por las alturas del Gólan, en el norte, y por el desierto del Néguev en el sur. Fueron horas aterradoras para el gobierno del Primer Ministro S.ra Golda Meier que no se esperaba este ataque, pero pese a haber sufrido graves perdidas humanas y de material militar (tanques, aviones, etc.) al cabo de algunos días Israel ya lograba controlar la situación y, durante las dos siguientes semanas, supo reaccionar rechazando los sirios más allá del altiplano del Gólan, llegando a 35-40 km de Damasco, mientras que en el desierto del Néguev los egipcios y sus divisiones armadas eran diezmados y los israelíes cruzaron el Estrecho de Súez llegando a 100 km de El Cairo.

Solo seis años antes Egipto, en particular, había sufrido una derrota vergonzosa. Era evidente a finales de Mayo del ’67 que la República Árabe Unida (la coalición política en la cual se habían unido Siria, Irak, Jordania y Egipto) liderada por el carismático presidente egipcio Nasser tenía intenciones bélicas hacia Israel, por lo que la mañana del 5 de junio la aviación israelí llevó a cabo una acción preventiva aniquilando en pocas horas el 70% de la aviación egipcia, aún aparcada en tierra, destruyendo sus estaciones radar, bases y pistas aéreas más importantes. Libre del frente sur, a mediodía Israel se concentró sobre el frente oriental rechazando el ejercito Jordano y su aviación, y finalmente desvió su poderío militar hacia las alturas del Gólan en el norte para responder al ataque sirio.

En el tercer día de choques, el 7 de Junio, la brigada paracaidista israelí del General Gur logró uno hecho histórico: sus hombres entraron en la vieja Jerusalén incluyendo el Monte del Templo, conocido también como Explanada de las Mezquitas.

Paracaidistas del General Gur suben al Monte del Templo
Paracaidistas del General Gur suben al Monte del Templo

Tres diás después, el 10 de Junio, en el frente norte las tropas sirias se rendían en retirada ante los israelíes que podían perseguirles en ruta hacia Damasco pero que prefirieron desistir. Así concluía una asombrosa guerra relámpago.

Además de la destrucción masiva de su material bélico, en seis días la coalición árabe sufrió 23.000 muertos, 45.000 heridos y 6.000 prisioneros; Israel tuvo 777 muertos, 2563 heridos y 15 prisioneros. Respecto al territorio, la parte árabe también contabilizó graves perdidas: cedió gran parte del desierto del Néguev, la franja de Gaza, los altos del Gólan, Cisjordania y el más simbólico de todos estos lugares: Jerusalén Este.

Durante estos 70 años el mundo ha visto incontables actos de guerra y terrorismo perpetrados contra Israel por palestinos, árabes y/o aliados. Podemos citar las Olimpiadas de Munich ’72 en las cuales un comando palestino mató a 11 atletas israelíes; “Operación Yonatán” del ’76 con el avión de Air France secuestrado por palestinos y llevado al aeropuerto de Entebbe, Uganda, con la sucesiva brillante operación de liberación de los rehenes por la fuerza de élite israelí; “Operación Opera” del ’81, con la destrucción de la central nuclear “Osirak” en las afueras de Baghdad que el gobierno de Saddam Hussein estaba poniendo a punto con ingenieros franceses; “Operación Orchard” en 2007, con la destrucción de la planta nuclear en construcción en Tall al-Abyad, Siria, proyecto secreto cerca de la frontera con Turquía en el cual cooperaban ingenieros de Corea del Norte.

Todas operaciones que suenan a “David contra Goliat”, actos aparentemente “imposibles” de realizar; sin embargo, Israel no pierde su determinación porque su fe está basada en una herencia espiritual milenaria y en un Dios que en últimas – donde la justicia debe triunfar – nunca deja a su pueblo desamparado.

Mismo si el actual mundo ateo, agnóstico o relativista rechaza el contenido histórico y espiritual de la Biblia, mismo si viviendo en el siglo XXI, como vivimos, puede parecer ridículo creer en “cuentos” como Moisés que por el Espíritu de Dios abre el Mar Rojo y el poderoso ejercito del Faraón queda atrapado en él, etc.; sin embargo, allí están los hechos, las guerras y los éxitos – antiguos y modernos – conseguidos por el pueblo de la bandera con la “Maguén David” (escudo o estrella del Rey David).

En el 607 aC Rey Nabucodonosor II destruyó el primer Templo construido por Rey Salomón y se llevó al pueblo judío cautivo a Babilonia; Rey Ciro II de Persia puso fin al exilio judío en Babilonia y les dejó libres para volver a su tierra y construir el segundo Templo. Los Romanos destruyeron este segundo Templo en el 70 dC y, ahora, luego de dos milenios, sabemos que Israel planea la construcción del tercer Templo. Este proyecto no va a ser de fácil realización dado que precisamente encima del Monte Santo en la actualidad se ubican la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa, dos monumentos importantes del mundo islámico. Otro “imposible” más para el pueblo judío.

El Oriente Medio de estos días parece estar a punto de reventar. Iraq y Siria han sido devastados por intereses y fuerzas extranjeras. Irán tiene capacidad misilística intercontinental (ICBM) y con ayuda de Rusia persigue el desarrollo de su programa nuclear. El Presidente americano Trump acaba de salir del acuerdo multilateral sobre el programa nuclear iraní y amenaza al gobierno de Teherán con fuertes sanciones económicas que podrán extenderse a los países que mantienen relaciones comerciales con Irán. En otras palabras, muchas empresas occidentales (americanas y europeas) podrían sufrir estas sanciones.

Arabia Saudí, de fe suní, es enemigo jurado de Irán y viceversa, y ve con preocupación como el gobierno de Teherán se mueve en doble tenaza: por el sur, apoyando a los Houthi de Yemen, y por el norte en Siria, donde sus milicias colaboran con Rusia para mantener el gobierno Assad en el poder; además, en Líbano, Hezbolah (partido político chií apoyado por Iran) acaba de ganar mayoría en las elecciones legislativas.

Todo es obviamente preocupante para Israel también y no sería ninguna sorpresa si en algún momento próximo Israel llevara a cabo uno o varios ataques contra presencia iraní en Siria y Líbano o si fuera de alguna manera agredido.

Holocausto Nazi
Holocausto Nazi

Los sufrimientos de su milenaria diáspora por el mundo, los pogroms, las cruzadas, la Inquisición, el holocausto nazi y la agresión islámica han marcado el límite máximo aceptable para el pueblo judío que por estos días, con apasionado jubilo, celebra su Aniversario de Independencia en su amada tierra y como estado soberano reclama su derecho a vivir.

Soportado por casi 4.000 años de historia – desde la inesperada promesa que Abraham y Sarah, ya ancianos, recibieron de Dios de ser padres de una multitud numerosa como las estrellas del cielo (Génesis 26) – Israel es hoy un estado moderno que ha transformado el árido desierto en tierra fértil.

El escritor americano Mark Twain visitando Palestina a finales del ‘800 la describía como una tierra “desolada… sin esperanza, lúgubre y entristecida”. Pero el retorno de Israel a su tierra prometida estaba a punto de iniciar, tal como profetizado (Ezequiel 36 y 39; Jeremías 31), y esa tierra árida y desolada florecería de nuevo (Isaias 35,1 y 27,6; Ezequiel 36,8). De hecho, desde 1948 la tierra aprovechable ha triplicado y hoy en día Israel es una especie de “milagro viviente” y exporta productos y avanzada tecnología agro-industrial a decenas de países.

A pesar de ser un país pequeño, se le conoce como una “start-up nation” por su capacidad de emprender innovadores retos tecnológicos. Es un territorio muy limitado pero por su particular historia es encantador. El turismo, ligado sobre todo a grupos religiosos, es un importante rubro del PIB nacional.

Por Israel el mundo conoce dos de las historia más bellas y asombrosas jamás contadas: la Natividad de Belén y la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Názareth, el Hijo de Dios. Ningún país del mundo ostenta el título de “Tierra Santa” y por Israel el mundo también aguarda una serie de profecías, tanto apocalípticas como maravillosas.

El Israel contemporáneo también es una sociedad de contradicciones y conflictos internos: en Israel se reconoce el judío ortodoxo ashkenazi, sefardí o mizrají, los judíos de Yemen, de Etiopía, de la India, al igual que el judío reformista, socialista, ateo y el judío mesiánico que cree en Jesús el Mesías. Además, están las minorías de siempre: samaritanos; palestinos; musulmanes suni y chíi; drusos; arameos, caldeos, católicos, ortodoxos, coptos, armenios, protestantes, etc.

En su Knésset (Parlamento) ocurren acaloradísimas discusiones pero no cabe duda que Israel es, hoy por hoy, una dinámica, moderna y admirable democracia.

Por: Nereyda Guerrero De Manderioli
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