Estamos ya en la Semana Santa y es interesante meditar sobre un episodio que se relata en tres de los cuatro Evangelios (Mateo 16, 15; Lucas 9, 18-21; Marcos 8, 27-30). Este es el texto:

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”.

(Mateo 16:13-19; Marcos 8:27-30; Lucas 9:18-21)

Y esta es la milenaria pregunta: “¿Quién es Jesús?”.

Podemos dar una respuesta a partir de los varios conocimientos que tenemos de este personaje histórico, de su ambiente geo-político, como también intentar cuadrar su paso terrenal y sus obras con alguna apreciación teológica; sin embargo, a la postre, la respuesta de mayor valor a esta pregunta sobre la identidad de Jesús probablemente es más de tipo existencial.

Es decir, cada ser humano puede hacerse esta pregunta: “¿Quién es Jesús para mí? ¿Qué significan sus enseñamientos? ¿Qué relación cotidiana tengo con Él? ¿Me interesa o no me interesa? Etc.”.

Escena de “Jesús de Nazaret” de Franco Zeffirelli

Mahatma Gandhi, el inolvidable leader moral y pacifista de la India, asesinado en 1948 por un extremista hindú, escribió una vez: “Yo digo a los hindúes que su vida será imperfecta si no estudian respetuosamente la visa de Jesús”. También añadía: “Y qué pensar de los cristianos – ¿Cuántos, Dios mío?- que todo lo desconocen de Él, que dicen amarle pero jamás le han conocido personalmente?”.

Iniciamos con algunos datos históricos.

Cesarea de Filipo era una ciudad que Felipe el Tetrarca, hijo de Herodes el Grande, agrandó y cambió de nombre en honor al emperador romano. Estaba situada al pie del monte Hermón (2814 metros), donde nace el Río Jordán, y es uno de los sitios más hermosos de toda la Tierra Santa.

Monte Hermón, entre las fronteras de Israel, Líbano y Siria

En tiempos del Antiguo Testamento la ciudad tenía un altar dedicado a Baal (dios de los cananeos), más tarde los griegos construyeron un altar a Pan (dios de la naturaleza) y llamaron Panias al lugar.

En el año 20 a.C., Herodes el Grande construyó allí un templo blanco de mármol, y lo dedicó a Augusto Cesar. Cuando Herodes murió, la ciudad quedó en manos de su hijo, Herodes Filipo, quién la amplió y la embelleció, y la llamó Cesarea de Filipo, para hallar gracia delante de su emperador, Tiberio Cesar, y para distinguirla de la capital y puerto marino más conocido de Cesarea que quedaba en la costa, entre las ciudades de Tel Aviv y Haifa de hoy en día.

Fue en este lugar de belleza natural y de saludable brisas montanas donde Jesús llevó a sus discípulos para tener un breve período de descanso y donde Pedro declaró que Jesús era el Mesías.

En “Antiguedades Judías”, las crónicas del historiador judío Flavio Josefo (37-110 d.C), no se hace mención de los discípulos de Jesús, ni de su madre Maria, pero en el capítulo 18 encontramos este testimonio:

Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, [si es lícito llamarlo hombre], porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y a muchos gentiles. [Era el Cristo.] Delatado por los principales de los judíos, Pilato lo condenó a la crucifixión. Aquellos que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo, [porque se les apareció al tercer día resucitado; los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él.] Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos.
Antigüedades judías, 18:3:3.

Texto en hebreo, griego y latín hecho escribir por Poncio Pilato sobre la cruz de Jesús Cristo.

El historiador romano Tácito (56-118 d.C) menciona a «Cristo» en sus “Anales” escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón (37-68 d.C.) y el famoso incendio de Roma ´del año 64 d.C. donde informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo “para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba ‘cristianos’, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato.” De hecho, entre los “cristianos” puestos a muerte en la Roma de Nerón se incluyen al apóstol Pablo (decapitado entre el 58 y el 60 d.C:) y al apóstol Pedro (crucificado, cabeza abajo, en el 67 d.C.).

La más antigua alusión no cristiana a Jesús se debe a Mara Bar Sarapion, un estoico sabio sirio, oriundo de Samósata, quien en una carta dirigida a su hijo, en la que le recomienda la sabiduría como el mejor tesoro parece aludir, sin nombrarlo, a Jesús. La carta, cuya datación se discute, parece escrita poco después del año 73 d.C. Presenta tres modelos de sabiduría, Sócrates, Pitágoras y probablemente Jesús, a quien no nombra: “¿de qué sirvió a los atenienses haber matado a Sócrates, crimen que pagaron con el hambre y la peste? ¿o de qué les sirvió a los samios quemar vivo a Pitágoras, cuando todo su país quedó cubierto de arena en un instante? ¿o a los judíos dar muerte a su sabio rey, si desde entonces se han visto despojados de su reino?” dado que los romanos, a las órdenes del general Tito, destruyeron Jerusalén en el 70 d.C.

Estos documentos  históricos confirman la existencia de Jesús y su muerte violenta a manos de los judíos y/o romanos, pero es sorprendente que este aldeano de Nazaret, hijo de un carpintero y de una humilde y sencilla mujer, recoge a unos pocos discípulos- la mayoría de los cuales probablemente apenas sabían hablar o leer y escribir – y hace de ellos un grupo que hará historia, porque 20 siglos aún seguimos hablando de todos ellos.

El sacerdote, periodista, escritor/poeta español José Martín Descalzo (1930-1991) escribe acerca de Jesús: “Los violentos le encontraban débil y manso. Los custodios del orden le juzgaban, en cambio, violento y peligroso. Los cultos le despreciaban y le temían. Los poderosos se reían de su locura. Había dedicado toda su vida a Dios, pero los ministros oficiales de la religión de su pueblo le veían como un blasfemo y un enemigo del cielo.”

En Juan 8, 48-52 leemos como los judíos consideran a Jesús un “endemoniado”:

Contestaron los judíos, y le dijeron: ¿No decimos con razón que tú eres samaritano y que tienes un demonio?…  Los judíos le dijeron: Ahora sí sabemos que tienes un demonio.

Jesús responde: … Si yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís: “El es nuestro Dios. Y vosotros no le habéis conocido, pero yo le conozco; y si digo que no le conozco seré un mentiroso como vosotros; pero  le conozco y guardo su palabra.

El dialogo concluye con una afirmación inaudita por parte del maestro galileo que les dice: …En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy. Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

La cualidad de la autoridad con la cual  Jesús se expresa es categórica, no deja lugar a ninguna duda: Él procede de Dios Padre y con Él coexiste desde siempre.

En términos numéricos ciertamente no eran pocos los que seguían a Jesús. Recordamos, por ej., a los cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, a los cuales milagrosamente dio de comer pan y peces en la colina cerca de Tiberíades, a orillas del Lago Kineret o Mar de Galilea. Gente que quedaba deslumbrada cuando presenciaba algún asombroso milagro pero que posiblemente estaba más interesada en la solución de sus problemas inmediatos (hambre, enfermedad, etc.) que en profundizar sobre el  mensaje que el maestro de Galilea estaba impartiéndoles.

De hecho, cuando los eventos se hicieron difíciles, peligrosos, cuando lo anunciado por los profetas en los libros del Antiguo Testamente se hizo dramática realidad (En Lucas 9, 22 leemos que el Mesías debe “padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar el tercer día“) la mayoría de sus seguidores se asustaron, le renegaron y se retiraron.

Luego de esa famosa y gloriosa entrada en Jerusalén, con las palmas y bellos cánticos de “hosanna” y “aleluya” que vitoreaban a su héroe, probablemente pensaron: “Nos hemos equivocado. Esperábamos a ‘Meshijenu’ (nuestro Mesías) que nos librara del yugo de los Romanos, sin embargo todo ha fracasado y ha terminado mal.”

La tarde de aquel viernes, cuando la piedra de un sepulcro prestado se cerró sobre el cuerpo de Jesús “nadie habría dado un céntimo por su memoria,” escribe Martín Descalzo y “nadie habría podido sospechar que su recuerdo perduraría por los próximos dos milenios.”

¿Cuál es la peculiaridad del mensaje de Jesús? Un ejemplo práctico: la pobre viuda que hecha su ofrenda. En Lucas 21, 1-4 leemos:

En aquel tiempo, alzando Jesús la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.

Es decir, a Dios no le interesa el importe monetario de una ofrenda cuanto la actitud que uno tenga en su corazón. La pobre viuda hecha todo lo que tiene, porque confía en Dios, y Jesús no se queda indiferente ante este gesto de total generosidad. Es más, subraya el gesto de esta viuda a los ojos de sus discípulos como decir “aprendan de ella a creer, a tener corazón, fe”.

En otro episodio, en Mateo 5, 28-29, Jesús dice:

“Habéis oído que se dijo: ‘no cometerás adulterio’. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más vale perder un miembro que ser echado en la ‘gehena’ entero”.

Obviamente Jesús no está pidiendo que uno literalmente se extirpe un ojo si este es causa de malos deseos, sino que aconseja con la gracia y ayuda de Dios que uno domine sus propios deseos para no caer en pecado. En otras palabras, cuando es necesario es mejor apartarse de ciertas ocasiones o situaciones.

En ambos episodios es clarísimo el pensamiento puro de Jesús: siendo Hijo del Dios Padre – verdad, bondad, pureza, y potencia absolutas – Él no puede aceptar ni una más mínima traza de pecado y nos alerta a velar sobre ello.

Aún así, Él sabe que la natura humana es débil y que puede caer en tentación, pero lo importante no son las apariencias del rico o del pudiente o un posible gesto externo (adulterio físico, como acto exterior) sino lo que está ocurriendo en nuestro corazón, y para ser conscientes de ello hay que ser atentos y honestos con uno mismo. La búsqueda constante de esta honestidad junto con la gracia de Dios le permite a cada ser humano mantener un comportamiento recto con los demás y con Dios.

Otro ejemplo. El apóstol Pablo de Tarso en su carta I Corintios 13, 1-3, escribe:

  1. “Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.”
  2. “Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.”
  3. “Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.”

Con su modo directo, sin rodeos, Pablo nos indica que toda la ciencia y sabiduría humana aún sumada a algunos maravillosos dones del Espíritu Santo tampoco nos garantizan poder vivir una vida correcta porque la característica más preciada, la virtud mayor, que uno puede tener es ser puro y sincero de corazón hacia Dios y hacia el prójimo.

https://youtu.be/ndz-KBtmApY

Pablo sigue diciendo:

  1. “La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe”
  2. “Es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal.”
  3. “No se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.”
  4. “Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.”
  5. “La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.”
  6. “Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.”

Frase : “Tú, necesitas mis manos, mi cansancio que a otros descanse…”

Meditando estas palabras cabe pensar en la realidad “cristiana” de la humanidad. Ciertos estudios demográficos nos dicen que en el mundo actual hay entre 20 y 30 mil denominaciones cristianas y que aproximadamente 2.200 millones de personas profesan ser “cristianos”. Además, desde los años ’60 también hay un movimiento judío mesiánico cuyos miembros no se consideran “cristianos” aunque creen en Jesús como el Mesías.

Con una cuota del 32% los cristianos son el mayor grupo religioso del mundo; sin embargo, sin ánimo de polémica podemos afirmar que la iglesia de Cristo ciertamente no está muy unida ni en su teología ni en su acciones.. Cabe preguntarse también si ciertas teologías y manifestaciones “cristianas” son del todo sinceras e integras, pues a veces hay eventos “cristianos” que tienden a parecerse más a un espectáculo circense o un “show”, con evidentes destellos de protagonismo de varios grados, más que a una sincera búsqueda de Dios y su verdad absoluta o a un desinteresado interés por nuestros hermanos y hermanas. Los frutos, pasados y presentes, lo demuestran.

En todo caso, Pablo concluye diciendo:

  1. “Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.”
  2. “Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.”

En sintonía con cuanto escribe Pablo, ya concluyendo, podemos hacer referencia a las siguientes palabras de Jesús que nos dan una idea de lo Él pide a sus discípulos en Marcos 10, 42-45:

42 Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.

43 Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes.

44 Y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.45 Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».


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