Jinetes de la corrupción

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“Aquellos que se hacen rico ilícitamente en Colombia, el sistema de justicia pareciera anunciarle: “tranquilo, sigue delinquiendo… todo está bien.”

Cabalgan sin sobresaltos y a paso de trote jinetes de la corrupción que sin ningún tipo de resquemor delinquen hasta la saciedad porque saben que para ellos no habrá ni juicios ni cárcel que amenace sus días. Conscientes de cometer este delito de enriquecimiento ilícito también comprenden los corruptos que si son denunciados todo queda de manera reiterada en la impunidad.

Lo cierto es que la corrupción camina de la mano de la exención por las calles y avenidas de nuestra ciudad de Cartagena y por todo el departamento de Bolívar, pero lo inexplicable es que no hay autoridad alguna que de verdad vaya de frente “contra los corruptos” porque saben que chocarán con poderosas fuerzas y grupos de interés que hasta ahora han sido intocables.

Gustavo Morales De León
Gustavo Morales De León

El significado que tiene este artículo es el mensaje que se le envía a todos los servidores públicos, incluido el propio Juan Manuel Santos, quien ha dicho que todos están en la obligación de rendir cuentas a los ciudadanos, pero que efecto contra la corrupción tiene el hecho de rendir cuentas? Sin duda que la corrupción deja ese sabor de desconfianza en la ciudadanía. ¿En quién creer si las propias autoridades son cómplices del delito?

Erradicar la corrupción tanto en los servidores públicos con en la empresa privada, se dice que es imposible porque cuando la obsesión por el dinero se vuelve enfermedad se produce el excesivo apego a las riquezas, que en psicología médica se le conoce con el nombre de “Crematomanía”, que según los expertos es una patología como todas las “manías”, no sólo difícil de abordar sino que se ha vuelto cada vez más frecuente dada la excesiva idolatría al dinero que conlleva la sociedad de consumo.

Quienes son señalados o conocidos como corruptos diríamos que padecen la enfermedad de la “locura, demencia o estado de furor” que los ha llevado a la avaricia desmedida e incontrolable, insatisfacción permanente y resentimientos son alguno de los rasgos más representativos de las personas que sufren Crematomanía que en la mayoría de los casos, los enfermos niegan padecer.

Es tan cierto este diagnóstico que cuando vemos a un corrupto por lo general se le nota la ambición desmedida, y no se da cuenta que esconde emociones primarias que fueron mal resueltas, como la necesidad excesiva de reconocimiento social o profesional, el deseo de liderar o estar por encima de los demás, etc. En este marco el dinero del corrupto se vuelve un medio para saciar necesidades que nunca antes pudo resolver, profundizando un vacío que por eso roba más y más. Sin límite. Pregunto: ¿Cualquier parecido con nuestra realidad es mera coincidencia?