El artista colombiano Julio Russo no oculta su preocupación por el impacto de la COVID-19 en el mundo de la cultura en general y del arte en particular. Pese a ello, traza un halo de esperanza y es que confía en la capacidad de supervivencia de los artistas: «En nuestra cabeza siempre están los sueños, y a veces una hoja de papel y un bolígrafo son suficientes para iniciar algo».

A Julio Russo, nacido en 1972 en Zambrano Bolivar, Artista nacido en el año 1972 en Zambrano Bolívar. Actualmente reside en la ciudad de Barranquilla.

Graduado de la universidad nacional en artes plásticas en 1997. Desde entonces ha expuesto individualmente y de forma colectiva en las principales ciudades de Colombia, en Panamá y Estados Unidos . Ha recibido numerosas distinciones entre otras, Primer premio en pintura abstracta, Salón Distrital de artes de Barranquilla, Segundo Premio salón Cámara de Comercio de Barranquilla y muchos más.

Sus obras se encuentran en colecciones públicas y privadas tanto de Colombia como en varios países del mundo.

Me invita a su casa y después de una agradable presentación, nos dirigimos a su taller que está en su vivienda. Un pequeño rincón, muy ordenado y lleno de arte y color. Allí en una mesa nos esperan unos cafés especiales de Colombia, para el un Matiz ámbar y para mí un Matiz ébano.

Curiosamente uno de sus pintores de referencia es Henry Matisse de que dice:

Sus pinturas hacen un llamamiento a los sentidos con el juego del color y sus matices y que consiguen que el espacio adquiera el poder de la relajación”

Durante el camino y previo a la entrevista me habla de su obra y dice:

Me encanta pintar evocando mis balbuceos de infancia, cuando todo estaba por descubrir. No quiero perder ese asombro por las cosas de la vida, no es bueno dar por sentado todo, pues ese asombro lo veo como un alimentar perenne de lo que considero importante en mi trabajo: figura humana que se integre a ese esquivo paisaje ideal que siempre quiero alcanzar, que casi se desvanece con los elementos pictóricos que le rodean, siendo muchos de estos elementos producto del azar caótico, que a fuerza de mi testarudez considero que logro integrarlo a la composición. Esto suena conocido en muchas historias a lo largo de la historia de la pintura; lo sé, pero cada momento de creación es único, inédito, y eso se antoja como un sentimiento cíclico que siempre se renueva, en el que se nace otra vez. El carnaval de Barranquilla ha sido, desde mi infancia motivo de inspiración para gran parte de mis trabajos, por su lúdica y sentido estético de la metamorfosis permanente que dicha fiesta muestra.

Un artista al que le gusta investigar, explorar y experimentar, por ello, como confiesa en esta entrevista, se considera a sí mismo casi más un inventor que un pintor. “Esa actitud inquieta respecto a la vida y el arte le ha llevado a crear «híbridos del color y la luz » que construyen un imaginario propio gestado y madurado durante décadas.

A continuación, miramos al pasado para repasar su trayectoria, pero también al futuro para conocer su visión sobre cómo golpeará la COVID-19 al mundo del arte.

  • Arranquemos volviendo la vista atrás, ¿cómo nace el interés de Julio Russo por el arte?

No puedo decir que nace de la nada, aunque todo apunte a eso. Puedo jurar -Sin ser yo religioso- que nace a la par que mis balbuceos del habla y de la satisfacción que sentí al estrenar mis sentidos y su positiva afectación al escuchar música, sobre todo la mal llamada clásica,  y garabatear en la tierra usando virutas arrancadas de árboles generosos… lo explico mejor: Rallaba la tierra sin pavimento con palitos encontrados en el suelo, figuras como carros, aviones, obviamente personas, peces, árboles, etcétera – quizás desde antes pero, bueno,  sólo puedo garantizar lo que recuerdo- Era una sensación indescriptible. Pasó el tiempo y en el mismo momento en que vi una publicidad de una marca de pintura de vinilos, en la que mostraban a Leonardo da Vinci pintando y elogiando dicha marca – lo cual me parece un despropósito, pero así es cierta estrategia de publicidad…- le dije a mi padre, mientras me tomaba en los brazos anunciándole a sus amigos y familiares que lo visitaban en una tertulia de sábado diciendo “aquí está el futuro médico”, lo cual respondí: “Papi, yo seré un pintor”. no recuerdo los gestos cuando escucharon mi aclaración de respuesta, pero recuerdo como si fuera justo ayer lo que dije. Vinieron documentales de arte de la televisión en blanco y negro de esa época- hablo de cuando tenía quizás nueve años- y, paradójicamente se manifestó mi gusto por el color, el trazo gestual, los temas poco convencionales…Creo que es una larga historia, pero ya imaginarán, a lo mejor, que sigue después.

  • Hoy, cuando se dirigen a ti como pintor, ¿se siente cómodo con ese apelativo o considera que hay otros que encajan mejor con usted y su obra?

Nunca me han gustado las etiquetas, pero sí que me gusta pintar, entonces debo aceptar ese apelativo que no me disgusta del todo mientras le agreguen que soy también un curioso por todas las ramas del arte.

Esa permanente metamorfosis es estimulante, no soportaría hacer lo que, por ejemplo, hizo Giorgio Morandi: Pintar durante muchos años sus mismas jarras y botellas en composiciones de bodegones maravillosos, eso sí. Me gusta ser yo mismo recorriendo el infinito mundo del arte y registrarlo en mis obras. Pinto con borde duro en algunas obras, y en otras el trazo gestual que deriva del impresionismo… Es también búsqueda del placer estético y lo uno nutre lo otro. Seguramente algún crítico de arte podría no estar de acuerdo, pero a ellos les digo que la mayoría de los artistas no nos gusta recibir etiquetas en exceso, creo que por aquello de las limitantes que podría derivar de eso.

  • A lo largo de su trayectoria ha explorado y transitado numerosos caminos, ¿qué le mueve a innovar y buscar nuevas formas de expresión?

Me mueva el placer estético de hacerlo, el hecho del ¿Por qué no? El ancho mundo del arte es para mí muy estimulante y eso lo quiero involucrar en la creación de las obras, creo que se podría llamar un proceso holístico de creación, que puede ser muy beneficioso. No creo que sea raro decir que me encanta tanto la abstracción como la figuración, la pincelada cuidadosa y metódica como la gestual y expresiva, Lo festivo y alegre como lo melancólico y sublime, creo que es cuestión de contrarios, de asuntos que tienes su contraparte, su némesis, su dialogo con el contrario, con el opuesto enriquecedor mutuo de argumentos de cada parte.

  • Siempre has mostrado interés por la dialéctica que se establece entre la obra y la persona que observa. Tus obras han sido expuestas en medio mundo durante las últimas décadas, ¿cree que el tiempo y el lugar desde dónde se observan influyen en dicha dialéctica?

Claro que sí, las obras que aspiren a ser de arte verdadero deben tener una puerta amplia de entrada a distintas miradas y momentos. La dialéctica entre espectador y obra de arte, como lo dice Kant en su Crítica del juicio estético, debe ser un juego en el que el espectador no tenga juicios a priori, debe dejar que la obra misma le plantee reglas que nacen intrínsecamente cada vez que aflora una creación artística, y los resultados sensoriales y estéticos son muchos dependiendo del lugar y el momento, y eso considero que hace a la obra inagotable.

  • El mundo actual está marcado por la tecnología, un elemento que tú también integras en su obra hace tiempo ¿qué opina de su creciente influencia en nuestras vidas?

La tecnología es algo que debe colindar con lo manual y artesanal, lo que está en contacto con la tierra misma a manera de polo. Somos carne y hueso, adoloridos a veces, felices en otras, tenemos sentidos y creo que se puede nutrir de la tecnología en la medida en que la usemos adecuadamente, obvio que existe el riesgo de que nos idiotice, es aquí en donde el arte debe ayudar, recordándonos que somos sensoriales desde nuestro cuerpo, y que la tecnología es el ayudante no el máximo tutor de nuestras vidas. Aspiro a una comunión entre lo que gotee, lo que caliente, enfríe, físicamente hablando y los espacios virtuales para expresar el arte, puede sonar paradójico, pero hay que recordar que las paradojas son abonos perfectos para el arte.

  • Tus obras son “híbridos Tus obras podrían definirse como “híbridos del color y la luz “, ¿podría explicar esto aplicado a tu obra a alguna de tus piezas?

Bueno, por ejemplo, en esta obra pretendo que la luz se manifieste en un color algo saturado, para subvertir los conceptos de peso de los colores, pues en este caso actúa, o al menos eso considero, tanto como agua, así como aire, como un fondo de luz que nace de profundidades y buscando flotar, liberarse y en ese proceso surge esta imagen, que mientras la pintando la imaginaba musical, pues escuchaba música de Brams. Creo que la luz de esta pintura es a la vez entidad con cuerpo pesado que simultáneamente es luz. Es lo que me emociona de la abstracción: Todas esas metamorfosis que aparecen en nuestra retina en el tiempo real de la observación.

  • Las repercusiones a nivel socioeconómico de la crisis del coronavirus van a ser de impacto. En ese sentido, el sector de la cultura y del arte pueden ser de los más golpeados, ¿cómo ve la situación: con optimismo o con pesimismo?

Debo verla con optimismo, pues no es la primera vez que suceden estos golpes, ha habido peores, y es oportunidad de enfocarnos en crear obras que nos llenen de esperanzas y nos muestren camino, aunque sin melosería y sí con cruda realidad en ocasiones, pues el arte está siempre para poner el dedo en la llaga cuando lo amerite.

El café se ha terminado, pero siempre hay tiempo para una segunda taza, algo ideal para acompañar a la luz y al color de un prestigioso artista, lleno de arte, fuerza, inteligencia, sensibilidad y humanidad como es Julio Russo.

Por: José Luis Ortiz