Indudablemente no puede faltar una barra de chocolate, bien sea en el refrigerador, o en la hermosa envoltura de un regalo de amor.

Paradójicamente detrás de este gesto lleno de dulzura, se esconde una realidad que tocó las fibras más profundas de mi sensibilidad.

He aquí las dos caras de este dulce- amargo placer y magistral negocio del chocolate.

El cacao, que se obtiene de la almendra del árbol del cacao, fue utilizado durante cientos de años por los indígenas sudamericanos en la preparación de una bebida amarga, que los europeos modificaron en su preparación y composición, hasta originar lo que hoy se conoce como el chocolate, en sus variedades negro (u oscuro), con leche, y blanco. De ellos el más interesante es el chocolate negro, debido a su alto contenido de los flavonoles epicatequina, catequina y procianidinas.

Se ha demostrado que estos flavonoles ejercen poderosos efectos antioxidantes al inhibir la oxidación de las LDL, además de producir una disminución de la agregación plaquetaria y de la presión arterial. El chocolate negro contiene una alta cantidad de flavonoles, por lo cual su consumo se asocia a una protección de la salud cardiovascular y a otras patologías.
El efecto antioxidante y cardioprotector del chocolate ha sido demostrado en numerosos protocolos experimentales y estudios clínicos y epidemiológicos.

Hoy día los grandes productores de cacao ya no son los países hispanoamericanos, sino Costa de Marfil, Ghana, Indonesia y Nigeria, que producen más del 70% del cacao consumido en todo el mundo, aunque sus productores tan sólo se queden con el 4% de los beneficios de un negocio que mueve 90.000 millones de euros anuales.

¿Cuánto trabajo infantil se esconde en una barra de chocolate? No hay cifras exactas al respecto, pero la respuesta es clara: demasiado. En las plantaciones de Ghana y Costa de Marfil, principales productores de cacao trabajan más de 2 millones de niños.

Los mayores fabricantes del mundo, como Nestlé, Mars, Ferrero, Lindt & Sprüngli o Hershey, aseguran desde hace años que actúan contra el trabajo infantil, un problema grave en diferentes países. Pero la cifra de niños y niñas que recolectan cacao es cada vez mayor.

En Costa de Marfil el número de niños que trabajan en las plantaciones de cacao aumentó 59% entre 2009 y 2014, según un estudio de la Universidad Tulane de Nueva Orleans elaborado a partir de encuestas realizadas en 2,300 hogares de Ghana y Costa de Marfil. En Ghana, que cuenta con una mayor estabilidad política, la cifra cayó ligeramente en ese periodo.

Los niños africanos obligados a trabajar en las plantaciones de cacao, son expuestos a diversos peligros.

El negocio del chocolate va viento en popa y desde 2012 los precios subieron en casi un 40%, ya que la demanda mundial es mayor que la oferta.

¿Será que el chocolate, está tan impregnado de la inocente energía de los niños que tiene el privilegio o la cualidad de subir nuestra vibración energética por sus componentes y aparte de esto nos predispone de una forma muy sutil al amor.?

Todo lo podemos asumir como un privilegio de la naturaleza, lo que no es aceptable bajo ningún marco conceptual, es la explotación a los seres más vulnerables como son los niños.

Por: Lucy Angélica García Chica
Educadora y Poetisa