“Hasta el dinosaurio más grande es más pequeño que una ballena azul”, destacó el ministro australiano de Medio Ambiente, Tony Burke, recientemente.

La ballena azul es la más grande de su especie, de hecho, es el animal más grande en el mundo. Por su tamaño, estos mamíferos inspiran temor, pero son gigantes buenos, pues suelen tener un comportamiento muy tímido y se les considera completamente inofensivas. Las madres sienten verdadera devoción por sus crías llamadas “ballenatos” que pueden medir unos 5 metros al nacer y pesar unas 6 toneladas. Estas, defienden a sus crías de los depredadores de forma ejemplar, incluso a costa de sus vidas.

Parece irónico que las ballenas, aunque no tengan depredadores naturales, se encuentren en peligro de extinción. Por su importante aporte de grasa y carne, estos grandes cetáceos han sido durante siglos, perseguidos por gran parte de los pueblos marineros y por esta razón, el hombre se convirtió en su enemigo principal.

En un reciente artículo publicado por Nature News, en febrero de este año, se destaca el rol de las ballenas en el mundo. Los cetáceos, son animales ecológicamente especiales, están en la cima de la cadena alimentaria marina desde hace 25 millones de años y han evolucionado junto con ella hasta un estado de equilibrio. Como cualquier otro ecosistema no alterado, se cree que, al sacar esta especie, se podrían afectar los ecosistemas de modos inimaginables, que pueden y han afectado la pesca y otras actividades como, por ejemplo, el aumento del krill, pequeño crustáceo, parecido al camarón, que constituye gran parte de la población acuática, en la zona antártica.

A su vez, las ballenas son políticamente especiales, son animales que se mueven por todo el mundo con unas migraciones inmensas, sin límites ni fronteras geográficas. Por esta razón, y como los mares son un recurso global, ningún país puede reclamarlas como de su pertenencia.

Según Greenpeace, un grupo ambientalista presente a nivel mundial, las transacciones comerciales en Japón de este animal ascienden a los 4 mil millones de yenes al año, pues su carne es considerada como un alimento de lujo. Esta práctica que atenta en contra de ellas, es todo un negocio lucrativo. En Colombia, las ganancias se dan por una actividad más noble, las jornadas de avistamiento, que significan a los operadores turísticos de Chocó y Valle ingresos por más de 700 millones de pesos al año, generando grandes beneficios económicos para el país.

Lo que aún no tienen claro los países tradicionalmente cazadores, es que además de constituir una riqueza en los mares y de ser un atractivo para el turismo, las ballenas son indispensables para regular el clima del planeta, ya que cumplen la función de ser enormes depósitos de carbono, contribuyendo así a la reducción del calentamiento global
Las ballenas, al encontrarse en lo alto de la pirámide trófica, son el símbolo de la conservación, así que al proteger estas especies estamos protegiendo muchas más.

Para esto, la solución global se enfoca en acabar con cualquier tipo de caza comercial de ballenas y crear santuarios marinos mientras nos enfrentamos al cambio climático, la sobrepesca y la contaminación, que también afectan su conservación.

La adopción de una actitud consciente ante el medio que nos rodea, y del cual formamos parte, depende en gran medida de la enseñanza y la educación de la niñez y la juventud. Por esta razón, esta apuesta no se puede lograr de manera aislada y requiere de un diálogo público-privado para generar mayor impacto.

Por su parte, en Cartagena, el Establecimiento Público Ambiental, EPA, promueve constantes acciones con el fin de generar cultura ciudadana, como la campaña de educación ambiental que inició en el mes de agosto, dirigida a comerciantes y dueños de establecimiento comerciales del sur de la ciudad. De forma paralela, en el caso del sector privado, iniciativas como la campaña de exhibición de animales en extinción del centro comercial Mallplaza, permiten generar mayor conciencia y reflexión en torno a la protección de especies.

Es esencial buscar un cambio de actitud, una toma de conciencia sobre la importancia de conservar para el futuro y así mejorar nuestra calidad de vida y la de nuestras futuras generaciones.