¿Ya te pusiste imaginando qué pasará en el próximo episodio de aquella famosa telenovela o serie? ¿Alguna vez has estado todo el día cantando el refrán de una canción de la actualidad? Casi siempre sabemos que esos pasatiempos nada nos aportarán, pero nuestro subconsciente nos induce al vicio de una manera placentera y tentadora, aniquilando nuestra ocupación con actividades de mayor valor cultural. Esta es la punta del iceberg para una deficiencia social que llegó con fuerza en nuestro siglo: la descultura del entretenimiento.

Descultura, un neologismo para expresar el acto de propagar el desaprendizaje o hacer con que uno aprenda de manera incorrecta. Con el avance de la tecnología estamos viviendo una revolución en la manera de comunicarnos y entretenernos. El talón de Aquiles es que tanta facilidad ha creado puntos débiles de entretenimiento y moldeado la sociedad – en especial la juventud en su modo de divertirse. Contrariamente al pasado percibimos una tendencia degenerativa del contenido cultural presente en muchos libros, teatros, músicas y artes. La industria del entretenimiento está fatalmente empobrecida.

Los impactos de esa basura cultural se reflejan en los best-sellers con contenido erótico que despiertan la sexualidad precoz, así como músicas que exploran el cuerpo femenino, la vulgarización de la mujer, el machismo y la apología al consumo de drogas. Eso abre las puertas para un paquete de estupidez tan expuesto cuanto su público: nuestros adolescentes, el futuro de nuestra raza que fácilmente se someten a la manipulación de estos contenidos vacíos.

Así que luchamos en contra de una crisis cultural, cuyo intelecto y visión del mundo están en las manos de un sistema débil de entretenimiento y diversión. Todos seremos protagonistas de la descultura mientras continuamos absorbiendo lo que nos imponen sin cuestionar. ¿Habrá genios del siglo XXI como Einstein, Thomas Edison y otros? ¿O seremos víctimas encadenadas por la atrofia de la mente? Hay que pensarlo, pero con prisa, antes que exterminemos la cultura desgraciadamente.

Por: Saulo Bueno
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