La critica criticable…

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democracia

Nunca he estado en contra del socialismo, de la socialdemocracia, sino todo lo contrario, y perfecto distingo entre el socialismo y esta España socialista, que han pertrechado en este último devaneo, que estos aventureros, imprudentes y de escasas luces, pero excesiva arrogancia, así como la de sus socios antisistemas que denosto, por el camino que nos han conducido.

Si bien en su día y durante seis años fue, Pedro Sánchez, una de las personas que admiré, respete y por la que trabaje activamente (desde 2014) hasta que ha sido Presidente, ahora es tal mi decepción que sólo lo respeto por el puesto que representa, pues ni lo admiro, ni pienso perder mi valioso tiempo en su apoyo, si bien no renuncio a mis ideas, socialistas y socialdemócratas.

En el mejor de los casos, si enmendara su camino, algo que dudo seriamente, podría apoyarle, pero jamás tendría ya mi admiración pues la mentira nunca es admirable y el camino no tiene retorno.

Bien por el desencanto con las últimas actuaciones que están llevando en este disloque que algunos definen como gobierno y que es una amalgama de piezas de puzles diversos y que lejos de la química se apoyan en el conflicto.

Creo en la democracia liberal, la socialdemocracia, algo contrario a la lucha de clases que quieren instaurar, si bien no sé por qué.

No deseo una democracia en la que el Estado se convierta en religión, como algunos pretenden. Deseo una democracia civil y social sin plutocracia.

Lamentablemente en esta situación de desgobierno en España, especialmente a nivel de país y de su gobierno no veo ningún político actual con capacidad para recuperar la normalidad democrática.

Quizás en ocasiones sea necesario pecar para poder arrepentirse, pero en ocasiones pueden llegar a ser pecados mortales y de gravedad frente a los veniales a los que estábamos acostumbrados.

La juventud de entonces, ahora con cuarenta y tres años más. Esa juventud que ayudo a construir la democracia en el 1977, una juventud comprometida y que ahora está en la tercera edad pues la mayoría tiene más de setenta años.

La nueva juventud, no es igual, algo ha pasado y es una juventud individualista y que no entiende de política de masas.

Como esta es la juventud que ha ocupado cargos de responsabilidad en el gobierno de España ha transmitido su forma de ver la vida, y son las causantes de la mayoría de los males que nos aquejan.

A mi parecer, en los momentos actuales, un profundo impulso lleva a la ridícula pantomima del gobierno actual y que ha manifestado, proyectándola como una linterna, la silueta espectral del pasado.

Ahora sólo tenemos hombres de estado que reúnen a la perfección todas las cualidades apetecibles, vicio, charlatanería, mentira, estupidez y alguna más que no nombro por no extenderme.

Se ha conseguido que la labor de la política esté dominada y lacerada de la más repugnante miseria moral.

Cada vez hay más demócratas de verdad – que quieran serlo- para quienes este desgobierno- antes disimulado, ahora tal como es- que pensamos que son ellos los verdaderos obstáculos que estorban, antes que nada, a sus ideales como la libertad y la fraternidad.

La democracia en el 1977 nos la aportaron los que la hicieron posible.
Ahora algunos, muchos más de los que nos dicen, clamamos en un desierto hostil y la verdad que me siento sólo y desengañado. La política oportunista de algunos y las mentiras de otros no hacen más que agravar la situación.

A mí me han dicho, que más de uno de los que van a votar, no contra lo que creen es la voluntad de sus electores, sino contra su conciencia, y eso es indigno.
Lo he comentado alguna vez; votarán contra su conciencia, que no es contra el parecer de sus formaciones, sino contra su conciencia.

La disciplina de partido termina siempre donde empieza la conciencia de las propias convicciones, y pienso que tan desdoroso es para los que rinden así su conciencia contra su convicción (y son varios los que me lo han dicho) como para los que aceptan este voto.
En estos momentos estamos todos en un estado de verdadera confusión, en un estado de distracción, en un estado de diástole, que ha venido de querer tenernos en un estado de entretenimiento que nunca puede llevar por buenos caminos.

Pienso, claramente, que hay que salvar ante todo la Democracia. Hay que salvarla porque es el medio de salvar a este país, pero no como un fin, sino como un medio.
El poder, el del gobierno central es como un no querer soñar la realidad por no poder, o no haber podido, soñar la esperanza; dormirse sin soñar para no sufrir la punzada acusadora de la conciencia de los ciudadanos agobiados y cansados.

Casta que vive rodeada de aduladores falsos, durmientes adictos de la egolatría, sonámbulos del deber dormido.

Aduladores de todos los que les compensan y de los otros de los suicidas y que nos conducen al mayor de los abismos de dolor y sufrimiento de la sociedad y de los hombres honestos que los sustentamos.

Por eso asumo mi posición de crítica criticable y en ese caso para mí no es más que un orgullo, pues expreso mi opinión desde el alma, con el corazón y la palabra.
Entended entonces que, para mí, en ese caso es más un elogio que un insulto…

Por: José Luis Ortiz