Con Motivo del Covid-19, en este momento el país se encuentra en un verdadero caos, los gobernantes del orden nacional, distrital, departamental y municipal, con el fin de evitar la muerte y el contagio de las personas, toman las más diversas medidas como: la cuarentena, el confinamiento, el toque de queda, la ley seca, el pico y cedula, pico y placa, pico y género, entre otros picos, sin ninguna concertación entre ellos y con fechas y horarios distintos. Mientras tanto, el ciudadano tiene que estar pendiente, no solamente de todas estas medidas, sino de las medidas que toma el alcalde del municipio en donde vive, las del alcalde del área metropolitana a donde va a trabajar, las del gobernador del departamento y las del Presidente de la República.

Sin embargo, un año después se ha demostrado que ninguna de estas medidas ha funcionado, pues el número de personas contagiadas y muertas por Covid-19 aumenta cada día, y no obedece a razones apocalípticas, sino lógicas, pues si el número de camas UCI en marzo de 2020, cuando se detectó la presencia de la pandemia en Colombia, era doce mil, aproximadamente, y un año después, cuando el número de personas contagiadas se acerca a los dos millones, es el mismo, es entendible porque dichas camas están ocupadas en el 100%. Más aún, el problema será peor dentro de unos días cuando el número de personas contagiadas se duplique o triplique como se ha diagnosticado y haya que desconectar de los ventiladores a unos pacientes para conectar a otros, como se ha venido denunciando.

Luego si desde marzo de 2020, el Presidente de la República y el ministro de Salud, manifestaron públicamente que frente a la pandemia el reto sería adquirir suficientes camas UCI para garantizar la atención oportuna a aquellos enfermos que las requirieran, cómo es posible que los gobernantes no se hayan dedicado a adquirir dichas camas, sino que estén dedicados a invertir sus recursos, y hasta las vigencias futuras, en mega obras, obras de infraestructura, conciertos virtuales, ferias virtuales, alumbrados virtuales, campeonatos deportivos, entre otros eventos. Imagínense en la casa al hijo enfermo, sin comida y el padre remodelando la casa o regalándole boletos para ir al futbol.

Sin embargo, todos los días vemos a estos mismos gobernantes, por todos los medios de comunicación, como en la fábula “La culpa es de la vaca”, culpando a los ciudadanos por el aumento del contagio del Covid-19, por no respetar las medidas ilógicas decretadas para evitar las aglomeraciones, como el toque de queda en las noches, siendo que las personas se aglomeran en el día. Ahora, las aglomeraciones que se presentan en todos los municipios del país, en sus parques principales, son a las entradas de los bancos, los cuales no han dejado de hacer sus negocios un solo día durante la pandemia. No obstante, para los gobernantes, los responsables del contagio son los trabajadores informales, el 70% de los colombianos que todos los días tienen que salir de sus casas a rebuscarse su comida, la de su esposa y la de sus hijitos, no por gusto, sino, porque el Estado, a diferencia de lo que sucede en Europa, no les garantiza su manutención.

Aquí los únicos responsables de las muertes y el aumento de personas contagiadas por el Covid-19 son los gobernantes, como lo es el padre de familia por las travesuras de sus hijos, por cuanto por mandato constitucional y legal es a ellos a los que les corresponde organizar, dirigir y reglamentar la prestación de servicios de salud a los habitantes de Colombia. A pesar de este mandato, algunos municipios del país no tienen hospitales; otros tienen hospitales que parecen puestos de salud; otros no cuentan con UCI; otros no tienen un solo médico; otros tienen médico, pero no tienen insumos; y lo peor, muchos, municipios les adeudan el sueldo a los trabajadores de la salud desde hace meses, a los que arriesgan su vida y la de sus familias, a los que la noche de navidad la pasaron fuera de sus casas, a los que el 31 de diciembre compartieron con sus pacientes, a los que hipócritamente llaman héroes, pero que no son más que víctimas de gobiernos nefastos.

Por: Luis Ángel Martínez Ángel