Comenzó a regir en todo el país, el Decreto 457 del 22 de marzo de 2020, “por el cual se imparten instrucciones en virtud de la emergencia sanitaria generada por la pandemia del Coronavirus COVID-19 y el mantenimiento del orden público”, y se ordena el aislamiento preventivo obligatorio de todas las personas habitantes de la República de Colombia, con 34 excepciones.

En el más reciente informe, el departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reveló que en entre junio y agosto se llegó a 5,6 millones de trabajadores informales en todo el territorio nacional, por lo que la tasa de informalidad para el total de las 23 ciudades y áreas metropolitanas llegó al 47%. El informe detalló que en total hay 12 millones de ocupados en todo el territorio nacional: 6,3 millones formales y 5,3 millones informales. Además, la proporción de hombres ocupados que eran informales fue de 43,6%, mientras que esta proporción para las mujeres fue de 48,5%.

Pese a que la medida es indiscutible, lo que se busca con las cifras del DANE, es entender las razones por las que muchas personas ayer, en algunas ciudades, después de haber estado durante 4 días en toque de queda decretado en algunos departamentos, salieron a las calles a reactivar sus actividades laborales debido a que son trabajadores informales, los cuales viven del día a día y a ellos no les consignan su sueldo u honorarios semanal, quincenal ni mensualmente, sin embargo, tienen una familia que deben mantener y las mismas obligaciones que las personas empleadas. Por esa razón, entre la posibilidad de ser contagiados por el coronavirus y la seguridad de morir de hambre si se quedan en la casa, se arriesgan, como lo hacen las fieras por sus cachorros.

Ahora, esta no es una responsabilidad únicamente del Presidente de Colombia, como infortunadamente se cree. La Ley 136 de 1994, advierte que el municipio es la entidad territorial fundamental de la división político administrativa del Estado, con autonomía política, fiscal y administrativa, por lo que, los alcaldes, con los recursos propios de sus municipios podrían, durante el aislamiento preventivo, otorgarles subsidios económicos a los trabajadores informales y a los sectores más vulnerables, de lo contrario, tomar esta clase de medidas sin pensar en las consecuencias, es como creer que cerrando las ventanas se va a impedir que amanezca.

Por: Luis Ángel Martínez Á.