EEUU ha decidido interrumpir su financiación a la Organización Mundial de la Salud por considerar insatisfactoria su labor ante la pandemia del coronavirus.

El 14 de abril Donald Trump, el presidente de EEUU, declaraba que Washington detendrá su apoyo económico a la OMS en vista de su mala gestión de la crisis sanitaria provocada por el SARS-CoV-2.

«Hoy ordeno a mi Administración que ponga fin a la financiación a la OMS mientras se lleva a cabo una revisión para evaluar el papel de la Organización Mundial de la Salud en el grave descontrol y encubrimiento de la propagación del coronavirus», dijo Trump durante una rueda de prensa.

«Necesitamos respuestas a las preguntas, necesitamos transparencia. Necesitamos que la OMS haga su trabajo, que cumpla con su función principal, que consiste en garantizar que el mundo tenga información detallada, actualizada, efectiva y real sobre lo que ocurre en el ámbito sanitario global. Y, en este caso, la OMS no lo ha hecho», comentó el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, en una entrevista para Fox News.

Los errores de la OMS

Cuando la Administración aprobó las limitaciones a los viajes, en efecto, la organización lo criticó alegando que “la restricción de entrada de los pasajeros procedentes de áreas afectadas no son efectivas habitualmente en la prevención de la llegada de casos, pero pueden causar un impacto económico y social significativo”. Además, apuntó la OMS, estas políticas pueden restar recursos a “otras intervenciones”. 

Incluso el 29 de febrero la organización seguía advirtiendo contra las restricciones. A mediados de marzo, los vetos se extendieron por medio mundo, cuando la pandemia -recién declarada- ya era muy grave. Trump actuó antes que los Gobiernos europeos en ese terreno, pero cometió errores semejantes en la preparación de las pruebas y los equipamientos, y se pasó más de dos meses restando gravedad a la crisis.

También la OMS se demoró hasta el 30 de enero para declarar el brote una emergencia pública y una preocupación internacional, en un comunicado en el que, además, aplaudía a China por “identificar rápidamente el virus y compartir sus consecuencias de modo que otros países pudiesen diagnosticarlas rápidamente y protegerse”.

Y el régimen de Xi Jinping acabó desatando la ira de sus ciudadanos cuando el 6 de febrero anunció la muerte por Covid-19 del médico Li Wenliang, quien había intentado advertir sobre el peligro de la epidemia cuando comenzaron los primeros casos y fue amonestado por ello por la Policía.