Un poco antes del mediodía una fila de hombres, mujeres, niños y ancianos espera a que abran la puerta de un comedor administrado por la diósesis de Cúcuta, a unos metros de la frontera con Venezuela. Diariamente, unos dos mil 500 venezolanos acuden a este centro que desde hace dos meses se ha convertido en un punto de referencia obligado para todos los venezolanos que llegan a la ciudad.

Este sitio ha sido bautizado como Casa de paso la Divina Providencia y nunca falta alguien que, con la simpatía que caracteriza a los venezolanos a pesar de las tragedias, no diga: “Estamos aquí por la dieta de Maduro”.

Moisés González es un joven de dieciocho años que vivía en uno de los barrios más violentos de Caracas, la Cota 905 y ahora sobrevive en las calles de Cúcuta en la economía informal. Espera pacientemente su turno. “Esto para nosotros es de gran ayuda. Aquí la comida es buena. Yo vengo de pasar mucha hambre y estoy agradecido“, le dijo al diario ABC de España.

Nosotros estamos atendiendo alimentación, pero también estamos repartiendo medicinas y mucha ayuda espiritual“, señaló monseñor Víctor Manuel Ochoa, obispo de Cúcuta, quien reflexiona sobre la situación venezolana. “La iglesia trata de ayudar, pero esto es un fenómeno muy grande. El Papa Francisco ya habló pidiendo democracia y dialogo“, añadió.

Casa de paso la Divina Providencia
Voluntarios reparten comida a venezolanos en la ciudad colombiana de Cúcuta

«Esto es demasiado grande»

Esta obra ha sido posible gracias a la ayuda de movimientos apostólicos, comunidades parroquiales y universidades. Son muchas las manos que revuelven las ollas y cocinan a leña para tantas personas durante horas.

«Nosotros estamos atendiendo alimentación, pero también estamos repartiendo medicinas y mucha ayuda espiritual», dice monseñor Víctor Manuel Ochoa, obispo de Cúcuta, quien reflexiona sobre la situación venezolana. «La iglesia trata de ayudar, pero esto es un fenómeno muy grande. El Papa Francisco ya habló pidiendo democracia y dialogo».

Hace cuatro décadas llegaron a Cúcuta muchos deportados en masa. Eran tiempos duros donde todo aquel que era obligado a cruzar la frontera quería un cobijo, tener una cama con la que afrontar las noches del norte de Colombia y un plato de comida caliente para volver a comenzar una vida. Esta ciudad fronteriza ha sido la entrada y salida para generaciones enteras de migrantes que huyen de la pobreza y la violencia .

La red del Centro Scalabrini o Casa del Migrante fue fundada en los años 70. Fue el lugar de recepción de miles de colombianos y otros emigrantes de Sudamérica que venían deportados desde Venezuela por encontrarse de forma irregular en ese país. La Iglesia Católica de Cúcuta afrontó ese problema creando el Centro de Migraciones, en el barrio Pescadero.

La economía venezolana se mantiene sumida en una profunda crisis lo que hace que muchos de sus ciudadanos asuman el riesgo de emigrar. Actualmente existen alrededor de 150.000 venezolanos que ya cumplieron los 90 días permitidos sin visado, según estadísticas de Migración Colombia. Para la sociedad cucuteña es una señal de alarma que las autoridades deben atender.