La era Trump

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Amado y odiado, con este señor no existen grises ni sentimientos difusos o lo quieres o te disgusta. Trump materializa para bien o para mal una gran parte de la concepción estadounidense tradicional acerca del mundo y de los valores tradicionales del mismo país.

Pero, ¿cómo ocurrió que un multimillonario, que hacia parte inclusive del mundo del espectáculo en USA, llegase a ser la cabeza del que, sigue siendo el Estado más poderoso del mundo?, es una incógnita en la que ondeare en los siguientes párrafos.

Estados Unidos, a partir de la segunda mitad del siglo XX, Estados Unidos fue, junto con la Unión Soviética, el Estado con más poderío, tanto militar, económico, como político y más aún al finalizar del siglo XX (con la desaparición de la Unión Soviética) USA gobernó prácticamente a sus anchas el mundo, especialmente occidente.

Pero la Unión del norte, no siempre fue lo que es hoy en día, en sus más tiernos inicios como nación, sufrieron diferentes crisis, de índole económico, social e inclusive de orden público; pero según el imaginario popular, el pueblo norteamericano logró salir adelante, con algunos valores primordiales, como: la libre empresa, el libre desarrollo individual, la democracia, mantener el imaginario de poder de una gran nación y un propósito casi que divino de difundir su cultura, de lo cual lo más importante sin duda alguna, es la democracia y las instituciones adyacentes a la misma, después de todo es mejor vivir en un mundo de amigos.

Pero en los últimos años, se gestó una sensación de debilidad, en el pueblo estadounidense, que sé incremento aún más, luego del fracaso de la campaña militar en el medio oriente, además de la caída de la economía en el 2008. Todo se gestó entonces para la llegada de un mandatario no tradicional que para bien o para mal entendía al pueblo estadounidense real, al clásico americano de domingos en la iglesia, días de campo, barbecues y TV en familia; Trump llego entonces como una suerte de salvador, que alimentaria el ego de las clases populares, de principalmente el centro y el sur de USA.

Trump pues alimento un discurso, en el cual exaltaba las fibras más primarias de los Estados Unidos, apelando al sentimiento por arriba de la razón, adicional a todo esto le dio vida a un temor paradójico que vive en la mente de una gran población de los Estados de la unión y era el temor a lo extranjero, a la competencia a las empresas automotrices y más importante aún, el temor a las personas foráneas (de personas del sur del continente en especial) , bañado por demás en racismo.

Trump no es el anticristo, ni tampoco el dictador que los medios liberales trataron de vender, no es genocida, así como me atreví en su momento a decir que Trump ganaría las elecciones, así me atrevo a decir ahora que Trump no acabara con el mundo, ni nada parecido y claramente los logros de su gobierno pueda tener, quedarán opacados por la polémica de su oratoria.

El mundo es confuso y la política también, después de todo, si un vaquero pudo ser presidente, porque no un magnate.


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