La Fed comienza a aceptar que la economía de EE.UU. no volverá a ser la que era

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Durante gran parte del período posterior a la crisis financiera, los funcionarios de la Reserva Federal de Estados Unidos se aferraron a la creencia de que podían volver a su vieja manera de hacer las cosas. El crecimiento podría reanudarse a un ritmo moderado, la inflación anual subiría al 2% y las tasas de interés se elevarían gradualmente desde casi cero hasta un nivel casi normal de 4% o más.

Mientras se preparan para su retiro anual en Jackson Hole, estado de Wyoming, a partir del martes, los funcionarios están llegando, tristemente, a la conclusión de que esas previsiones no van a cumplirse.

El crecimiento de la producción parece estar atascado en un ritmo lento y la inflación es vulnerable a quedarse corta respecto de la meta del banco central. La Fed, a su vez, empieza a comprender que las tasas no van a volver a la normalidad y que va a tener que cambiar la forma en que conduce la política monetaria y se enfrenta a las recesiones.

“Las nuevas realidades plantean retos importantes para la conducción de la política monetaria”, dijo John Williams, presidente de la Fed de San Francisco, en una nota de investigación sobre los cambios del escenario de política monetaria publicada la semana pasada.

En este mundo, las herramientas no convencionales utilizadas después de la crisis financiera —incluyendo las compras de bonos del Tesoro de larga maduración para reducir las tasas de interés a largo plazo y garantizar tasas de corto plazo bajas en el futuro inmediato— podrían ser reutilizadas cuando golpee otra recesión. La cartera de valores de la Fed, que actualmente llega a US$4,2 billones, podría crecer. Los impopulares pagos de interés a los bancos por el dinero que tienen depositado en el banco central podrían persistir.

La nueva normalidad, en definitiva, podría parecerse mucho a lo que la Fed ha venido haciendo estos últimos años.

Esto no quiere decir que la Fed no suba nuevamente las tasas de corto plazo en algún momento de este año; muchos funcionarios esperan que eso ocurra. En diciembre, la Fed aumentó su tasa de referencia para fondos federales —la tasa diaria de préstamos interbancarios— de casi cero en un cuarto de punto porcentual. Pero sí significa que, más allá de los próximos movimientos, no es probable que vuelva a elevarla mucho más en los meses y años venideros.

“Probablemente no tengamos una gran cantidad de [herramientas de] ajuste de política monetaria” disponibles en el futuro, dijo a Fox Business Network William Dudley, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York.

Debido a que el crecimiento es lento y podría seguir así, y a que en consecuencia la inflación es baja, la Fed ha revisado a la baja sus estimaciones de cuánto podría subir el nivel de la tasa interbancaria en el largo plazo. La mayoría de los funcionarios cree que alcanzará 3% o menos. Hace cuatro años, el consenso era 4% o más.

Una tasa baja en tiempos normales puede poner a la Fed en un aprieto cuando llegue la próxima recesión. Durante las últimas cuatro recesiones desde la década de 1980, la Reserva Federal recortó las tasas de corto plazo en 5 puntos porcentuales o más en un esfuerzo para estimular el crecimiento al promover el endeudamiento, el gasto y la inversión.

La próxima vez que haya una recesión, la Fed no tendría ese margen de maniobra. Los funcionarios deberán recurrir a otras herramientas para apoyar el crecimiento, incluida la compra de bonos y las garantías de bajas tasas a futuro.

La última ronda de compra de bonos de la Fed (conocida también como la flexibilización cuantitativa o QE, por sus siglas en inglés), permitió a la institución aumentar sus tenencias de valores de US$2,6 billones a US$4,200 billones. Un análisis de Standard & Poor’s halló que la tercera ronda apoyó la creación de 1,9 millones de puestos de trabajo y ayudó a reducir la tasa de desempleo en 1,3 puntos porcentuales. “Según esa medida, el QE3 funcionó”, concluyó S&P.

Los funcionarios son aprehensivos a usar medidas más radicales. Williams dijo que la Fed podría tener que considerar un aumento de su objetivo de inflación del 2% al 3%, una idea que todavía no ha ganado tracción con muchos otros en el banco central.

Mientras tanto, las tasas de interés negativas son vistas por muchos funcionarios de la Fed como un último recurso que no han funcionado muy bien en lugares como Japón.

Un artículo de investigación de David Reifschneider, economista sénior de la Fed, sostiene que la compra de bonos y las promesas de bajas tasas deberían ser suficiente para que la Fed pueda manejar aun una “recesión bastante severa” que lleve la tasa de desempleo al 10%. Ello implicaría que la Fed amplíe su cartera de valores en US$2 billones y posiblemente US$4 billones más, según el análisis.

Aun así, Reifschneider advierte que “nadie puede descartar la posibilidad de que en el futuro haya circunstancias en las que la capacidad [de la Fed] para proporcionar el grado deseado de acomodación utilizando estas herramientas esté muy comprometida”.

El desafío de la Fed va más allá de la gestión de otra recesión.

El tema de la reunión de Jackson Hole es “diseñar marcos de política monetaria resilientes para el futuro”. En su reunión de política monetaria del 26 y 27 de julio, los funcionarios de la Fed escucharon las exposiciones especiales del personal de la institución sobre temas relacionados.

Además del reto de hacer frente a las recesiones, el tema son los cambios que es necesario introducir en la política monetaria en un mundo de bajas tasas de interés.

Para gestionar su amplio portafolio de valores y la abundancia de reservas que ha colocado en el sistema bancario, la Fed ha lanzado nuevas herramientas, incluyendo el pago de intereses al dinero que recibe en depósitos de los bancos. Los legisladores se han quejado a funcionarios de la Fed de que estos pagos se parecen a un subsidio injusto para los grandes bancos.

En este nuevo mundo de la banca central, esta es otra de las características del paisaje actual que podría no desaparecer en el futuro.

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