A la luz de Biblia, Dios dejó el mandato a los seres humanos de crecer, multiplicarse y sojuzgar la tierra, pero a pesar eso, parece no haber justificación para que la ciencia busque métodos como la fertilización inducida, pues el tema tiene implicaciones que confrontan a la bioética.

Ahora, se quiere justificar que, en la fertilización in vitro ya no es necesario jugar con varios óvulos fecundados (que si embargo ya son personas) sino que uno solo basta para iniciar el proceso, aun así se corre el riesgo de que ese único óvulo fecundado se pueda malograr, implicando de todas formas un vil e irresponsable manejo con el material embrionario. Esa situación es equivalentes, a jugar con el Árbol de la vida, entonces el desafío de los hombres de ciencia ofende el buen sentido de los aspectos espirituales.

Algunos altos jerarcas de la Iglesia de varios países, defienden que la ética cristiana enseña que todo niño tiene derecho a ser concebido de modo natural, y en el ámbito del acto conyugal. Así pues, cualquier manejo digamos que artificial no es moral ni lícito.
Pese a lo descrito, la mayoría de parejas que insisten en tener un hijo mediante la fertilización in vitro caen en la soberbia de no aceptar la voluntad de Dios y en el egoísmo y falta de caridad, por no querer buscar la opción de adoptar a niños huérfanos o abandonados.

La posición del Magisterio de la Iglesia, a través del catecismo contempla en su numeral 2275 lo siguiente: «Se deben considerar lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como único fin su curación, la mejora de sus condiciones se salud o su supervivencia individual.»

Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como «material biológico» disponible.

Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad.

Entonces, debemos valorar hasta dónde será aceptable recurrir a la asistencia de la ciencia, o en tanto se respeten los valores morales y bioéticos.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos