Gustémonos o no, con entereza y sin eufemismo, hay que admitir la total fragilidad y fracaso de todo el compendio de instancias que constituyen el aparato o rama judicial de Colombia, la cual se encuentra absorbida por toda suerte de irregularidades. La nuestra es una administración de justicia impúdica y fallida, así ha quedado más que demostrado, a pesar de los presuntos y disfrazados esfuerzos que de manera reiterada hacen gobierno y parlamento dizque para reformarla y extirpar la corrupción que la socava y corroe.

Vergüenza le debe dar al Órgano investigador y acusador de nuestro país no haber sido capaz, o mejor, hacerse el de la “vista gorda” para no haber intervenido, escudriñar o descubrir los grandes escándalos transnacionales y nacionales que involucran a muchos que nos han engañado posando como ilustres y remilgados prohombres.

Si no hubiera sido por la diligente y acertada gestión de la Fiscal estadounidense Loretta Lynch, ningún país, y mucho menos Colombia, se hubieran atrevido a triturar y desmantelar la maraña corrupta y perenne enquistada en la multinacional Fifa, la cual por muchos años saquearon sus seudo dirigentes, entre ellos, el señor Luis Bedoya Giraldo, ex presidente de la Federación Colombiana de Fútbol y miembro del Comité Ejecutivo de tal organización deportiva mundial; inculpado por los delitos de soborno, fraude, lavado de dinero y crimen organizado.

Si no hubiera sido por la Administración de Justicia de los Estados Unidos, creo estar seguro, como seguro están muchos compatriotas, que ningún país latinoamericano, entre ellos Colombia, hubiera conocido el macabro y perverso estilo comercial empleado por la brasilera Odebrecht para ganar licitaciones y contratos que a punta de sobornos y toda suerte de corrupción manejaba a través de su siniestra “oficina de relaciones estratégicas”, conocida como “Caja B”, y que venía manejando desde principios del siglo pasado.

Y el más reciente, y uno de los más deshonrosas y vergonzosos hechos que confirman la fragilidad del aparato judicial colombiano, es el conocido caso de la captura por corrupción, parte de la DEA, del señor Luis Gustavo Moreno, fiscal anticorrupción; una verdadera encarnación de los que Jesús llamó como “Sepulcros blanqueados”.

En Colombia, pero especialmente en Cartagena, necesitamos con urgencia un aparato judicial que sea capaz de sancionar de manera ejemplar a los responsables de muchas irregularidades que se han venido cometiendo contra la administración pública de la ciudad, del departamento, y de sus corporaciones públicas, y por las cuales a “garganta batida” la ciudadanía clama para que se haga justicia.

¿Será que algún día conoceremos a los responsables de la descomposición y la corruptela en el sistema de salud, educación, deporte, etcétera?

Y por último, ¿Será que alguna vez nuestra administración de justicia seguirá dando casa por cárcel a reconocidos delincuentes? ¿O dejándolos en libertad dizque por falta de pruebas? ¿O endosando culpas a inocentes?


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