Encargó que le fabricaran prótesis para los brazos y las piernas que le permitieran desplazarse en cuatro patas de la forma más cómoda posible. Incluso se planteó crear un rumen artificial a base de bacterias de las propias cabras para digerir la hierba que consumiera. Contó con la ayuda de un experto en el comportamiento de estos rumiantes e incluso presenció la disección de un ejemplar, todo con el fin de conocer a más profundidad el animal en que ansiaba convertirse.

Lo más interesante es que Thomas Thwaites también pasó varios días viviendo como una cabra en una granja de los Alpes suizos, rodeado por varios de sus “congéneres”.

“Pude seguirlas en su desplazamiento por la ladera de una montaña rocosa a lo largo de un kilómetro, más o menos, pero luego me dejaron tirado”

Me contó Thwaites por Skype, “así que me pasé el resto del día intentando alcanzarlas. Finalmente las volví a encontrar en una zona de pastos verdes y fue muy agradable. Pero lo cierto es que ir montaña abajo fue aterrador. Si me hubiera caído no habría podido evitar darme contra una roca poniendo las manos”.

Thomas Thwaites es un artista de diseño conceptual residente en Inglaterra cuyos principales intereses son la tecnología, la ciencia y la investigación de futuros. Entre sus proyectos se encuentran una recopilación de reflexiones sobre el futuro de la ingeniería genética y sobre un dios llamado Nebo, reencarnado en una especie de servicio en línea. Su último trabajo sigue la línea de los anteriores, realizando consideraciones sobre la formas en que el ser humano se ensalzará en el futuro.

“El poshumanismo y la tecnología transhumanista se basan en facilitar a la humanidad ver cumplidos sus deseos. Y supongo que esos deseos no siempre serán adquirir una inteligencia superior”, explicó Thwaites en nuestra entrevista.

En otras palabras, el razonamiento que subyace es que no todo el mundo querrá ser un cíborg; que habrá personas que, en lugar de evolucionar, opten por la involución.

Para el artista, hay hombres que apuestan por la involución, lo que implicaría vivir como un “animal no humano”.

“¿Ser un animal no humano? ¡Es mucho más fácil y relajado!”, escribió Thwaites en un mail. Su intención era investigar cómo sería vivir como una criatura inmune a las frustraciones y las preocupaciones —el ‘terror existencial’— de la vida diaria, y hacerlo de un modo lo más auténtico posible con ayuda de la tecnología actual. “La asociación benéfica biomédica Wellcome Trust me dijo, ‘Adelante, pues’, y me concedió un pequeño galardón a las artes”, añadió.

Se marcó el objetivo de cruzar los Alpes suizos y tuvo la suerte de encontrar un cabrero que le permitió vivir entre sus cabras en septiembre de 2014. Pero la vida de una cabra no es fácil, y mucho menos lo es moverse por el terreno rocoso y resbaladizo de esa región helvética.

Thomas Thwaites ni siquiera tuvo tiempo de habituarse a llevar las prótesis, que añadían un peso considerable a sus brazos cuando iba pendiente abajo. Los rigores del tiempo no permitían a Thwaites dormir al raso con las cabras, por lo que él y su equipo montaban un campamento todas las noches. Luego, claro, estaba el problema de convencer a las cabras de que ese hombre de aspecto raro con prótesis en las extremidades y casco era uno más de la familia.

“Estaba casi en el punto más alto de la colina, rodeado por todo el rebaño, cuando me di cuenta, de repente, de que todas las cabras habían dejado de masticar hierba y me estaban mirando fijamente”, recuerda. “Hasta entonces no había sentido miedo, pero en aquel instante me di cuenta de lo afilados y puntiagudos que eran sus cuernos”.

“Me pareció que una de las cabras con las que había pasado mucho tiempo quiso romper un poco la tensión”, explicó entre risas. “Seguramente me estoy inventando todo, pero me lo pareció en ese momento”.

Un cabrero cuyo rebaño pastaba con Thwaites también opinaba que las cabras lo habían aceptado. En total pasó tres días viajado con sus compañeras y otros tres en solitario.


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