La hora del río Bogotá

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Cuatro años después de que el Consejo de Estado ordenara el saneamiento del río Bogotá, y que impartiera alrededor de 140 mandatos expresos que comprometen a autoridades locales, regionales y ambientales, el trabajo de seguimiento muestra avances importantes, pero también unos retos por superar. Según la CAR, al año pasado se logró la adecuación hidráulica de la cuenca media, se avanzaron obras que permitieron ampliar la ronda del río en seis millones de metros cuadrados y se retiraron cerca de ocho millones de metros cúbicos de basuras. Además, con la siembra de 1.200 árboles se dio inicio a la rehabilitación ecológica de la ronda.

Estos resultados se dan por la priorización de las autoridades a dos de los frentes de trabajo para el saneamiento del río: las obras de rehabilitación del afluente y el ecosistema, y la construcción de la infraestructura adecuada para el tratamiento de aguas residuales generadas por los municipios que conforman las cuencas alta, media y baja. Estas obras contemplan la construcción de varias Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) y la ampliación de los sistemas existentes, con las que se espera disminuir la carga contaminante al río Bogotá y sus afluentes.

“Nuestro llamado es para que desde las diferentes entidades se generen las acciones para el cumplimiento de la sentencia, pero más allá, como un compromiso con la recuperación de este cuerpo hidrográfico tan importante para la ciudad y la región. También es necesario que se tomen las decisiones que permitan materializar el espíritu de la sentencia”, dijo la gerente de Camacol B&C, Martha Moreno Mesa.

Para la dirigente gremial, el otro gran reto es lograr de manera adecuada la actualización y modificación del Plan de Ordenamiento y Manejo de la Cuenca (POMCA), tema sobre el que el Gremio presentó posición ante la CAR. Entre otros temas, los que más preocupan al Gremio son: la necesidad de un riguroso proceso participativo, contar como línea base con la información que existe en el POMCA vigente (2006) para hacer un verdadero proceso de actualización y, finalmente, lograr la armonización de este instrumento y los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) que se encuentran vigentes o en proceso de modificación.

“La actualización del POMCA es un reto para los actores urbanos y ambientales, ya que se trata de un instrumento con la fuerza necesaria para establecer lineamientos fundamentales desde el orden regional, que estén acordes con la realidad del río y el territorio. Una adopción alejada y aislada del ordenamiento local puede generar efectos nocivos en la labor de recuperación, además de un desarrollo desarticulado de los municipios, múltiples vacíos normativos, inseguridad jurídica y falta de confianza para los ciudadanos”, explicó Moreno Mesa.

La invitación a empresarios, gremios, autoridades y a la ciudadanía es a velar por el cumplimiento de las acciones, pero además a la implementación de buenas prácticas y una cultura de prevención al daño ambiental, que se origina por la ausencia o desconocimiento de la adecuada información del territorio.