La humildad como ejercicio

326

“Quiero vivir y morir en el ejército de los humildes,
uniendo mis oraciones a las suyas,
con la santa libertad del obediente”.
Miguel de Unamuno (1864-1936).
Filósofo y escritor español.

En ese soplo en el que vivo y muero
cada día, al tiempo que me afano
y me desvelo en caminar, nada deseo
más que hallarme y desvivirme,
por los que no son y quieren ser.

Confieso que nada sé sobre mí,
a pesar de lo vivido hasta ahora,
y de lo que me ha quedado sin vivir,
pues para vivir hay que saber amar,
hasta reconocerse en el análogo.

Por más que abro los ojos y miro,
a veces me sorprende la fortaleza,
no sé de donde viene pero ahí está,
restándome el dolor que me apedrea.

En proporción a la carga me reanimo,
recuento las andanzas soñadas
entre el pasado que se fue sin más,
y el futuro que nos pertenece,
por el mero hecho de ser lo que soy.

Sí, soy la memoria de una esperanza,
siempre defendiéndose, siempre viva,
sosteniéndome en sus alas poéticas,
pues uno camina por lo que espera,
y espera el balanceo dulce del tiempo.

Aguardemos ese aliento purificador,
que hace del barro un vidrio de luz,
donde verse, mirarse, y recordarse;
pues si recordar es aprender a verse,
por la mirada orientamos el alma.

Sólo así podremos descubrir la verdad;
con el retorno al amor, si amor siembro;
con el regreso a la vida, si vida injerto;
pues no hay espejo que mejor refleje
la efigie del yo, que nuestras acciones.