En 1966 Anglo Enterprises Vineyard Film Ltd. del Reino Unido, estrena la película Fahrenheit 451(en 2018 HBO Films de USA, presentó su versión), basada en la novela surrealista (por decir de algún modo) de Rad Bradbury, trata de un grupo de bomberos (en realidad biblioclastas) que queman los libros en atención al gobierno, el cual considera que leer impide la felicidad de las personas, pues les causan angustia. Fahrenheit 451 atiende a la temperatura en que el papel y los libros se pueden quemar. Entonces el bombero Montag, su jefe Beatty y el equipo de bomberos se dedican a quemar casas, donde hay bibliotecas.

Montag conoce a Clarisse Mc Clellan donde ambos entran en discusión o debate sobre la necesidad de los libros. Luego Montag conoce a Faber un profesor de literatura por cierto proscrito por la sociedad sin libros. Faber intenta convencer a Montag de la utilidad del conocimiento, a través de los libros. Luego a través de una comunicación digamos que oculta, Montag llega a casa de su esposa Mildred y lee ante ella y unas amigas, un poema. Una de las amigas de Mildred empieza a llorar y la otra se enoja con Montag.

Mildred después denuncia a su esposo por tener libros, por eso Beatty el jefe de bomberos llega a casa de Montag y le ordena que él mismo queme su casa. Montag en cambio arroja a su jefe un lanzallamas y huye hacia los bosques, no sin antes dejar en manos de Faber unos libros. En esa huída encuentra a un grupo de académicos, en eso el país entra en guerra y caos.

La crítica que presenta Fahrenheit 451 en primera instancia surge como una sátira al macarthismo (comandado por Joseph Mc Carthy) o censura extrema a la libertad de expresión escrita; por otra parte también critica a la barbarie del nazismo, cuando en 1933 los estrategas de Hitler sedujeron a mucha gente para quemar toda clase de libros. Este tipo de cosas aun existen tal vez con algunas variantes, eso sí, en detrimento del gusto por la buena lectura y la educación académica.

Entonces el mundo actual, cada vez está más invadido de entretenimientos como chat, redes sociales informáticas (Twitter, msm, Facebook y otras que diariamente aparecen en Internet) y videojuegos que desvían la atención por la lectura convencional (distinta a la lectura digital).
Además, en este tema de la educación y el conocimiento hay una serie de aspectos relativos, así pues, en nuestra época muchas personas estudian diversidad de materias y carreras académicas, pero eso no siempre garantiza que quienes estudian, lo hagan con el fin de cultivar su espíritu. En cambio bastante gente estudia solo con intención de escalar peldaños profesionales, para ganar mucho dinero, y vivir “bien”.

Por otra parte están las personas (gnomofóbicas) que de ninguna manera se interesan en enriquecer sus conocimientos y que odian (son bibliofóbicas) todo lo que tiene sabor a libro. Y es que no se trata de saber mucho como dicen para apantallar a los demás, sino que el sentido de saber es, para defenderse incluso de engaños que nos presenta el mundo cotidiano.

Y es que por ser ignorantes caemos en el error de no entender un concepto o desconocer palabras sinónimas y antónimas al momento de leer un manual o guía técnica, una receta médica (prospecto) o seguir una indicación presente en otra parte, o conversar con una persona en términos especializados.

Lastimosamente, en la calle escuchamos expresiones como las siguientes: “¿para qué leer historia, si no importa saber el pasado?”; “¿de qué vale estudiar ciencias si no soy científico?”, “qué me importa saber gramática si no soy escritor ó profesor”, y de esta manera muchos justifican su mediocridad o pereza de estudiar con conciencia, o instruirse mejor. Otros dicen que no hace falta estudiar para tener mucha plata.

Claro, se da el caso opuesto de personas adictas por la literatura basura, tales como novelas de terror, de romances intrascendentes, de brujería o temas esotéricos, charlatanerías de farándula y sexo con morbosidad, así como una serie de temas que en nada favorecen al individuo.

Algunos medios de prensa escrita, diariamente caen en la ironía de mezclar buenas informaciones y conocimientos con una gran cantidad de estupideces como horóscopos, fotos eróticas, entre otros, en tanto argumentan que se deben satisfacer todos los gustos de los lectores.

Pero en estos casos a la prensa se le olvida que su principal razón de ser es, contribuir y formar bien a las personas con buenos principios morales y espirituales. De hecho la misma Iglesia en su obligación y misión moral en el catecismo expresa: Dentro de la sociedad moderna, los medios de comunicación social desempeñan un papel importante en la información, la promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en importancia por razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la diversidad de las noticias transmitidas, y la influencia ejercida sobre la opinión pública” (numeral 2493).

Entonces, el aspecto anterior de alguna manera es aplicable, a la prensa y los medios escritos. En la historia de los grandes místicos se han dado casos como los de san Francisco de Sales (patrono del periodismo religioso) el cual fue editor de panfletos piadosos, o de san Antonio María Claret, y san Juan Bosco, quienes abrieron editoriales e imprentas para la edición de libros de temas religiosos y de oficios, o manuales técnicos.

La misma Biblia a menudo en sus pasajes insiste en la búsqueda de la verdadera sabiduría y el conocimiento. Por eso el libro de Proverbios 23.23 dicta: “Compra la verdad y la sabiduría, la instrucción y el entendimiento, ¡y, no los vendas!”

En el libro de Ezequiel de manera figurada se dice que, Dios otorgó sabiduría al profeta, en estos términos: “Entonces ví una mano extendida hacia mí, la cual tenía un escrito enrollado. La mano lo desenrolló delante de mí (…) Entonces me dijo: Tú, hombre, cómete este escrito, y luego ve a hablar a la nación de Israel. Abrí la boca y él me hizo comer el escrito (…) Yo me lo comí, y me supo tan dulce como la miel”.

Notemos pues, como los aspectos anteriores pueden servir de motivación y para hacer conciencia de la importancia del conocimiento sano, que contribuye a hacernos mejores.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Escritor y comentarista de temas cotidianos