Quizás por un asunto de convencionalismo e idiosincrasia del mundo contemporáneo, es requisito adjuntar al currículum, cartas de recomendación y otros documentos. Empero, esos documentos no siempre reflejan la honestidad del futuro empleado, pues el papel aguanta lo que le pongan. En cambio es el tiempo el que se encarga de demostrar la presencia o no de los valores de la honradez, integridad y el esfuerzo laboral.

Por otra parte, cuando una mujer empleada o trabajadora rechaza el acoso sexual del patrono o sus compañeros de trabajo, pronto es mal vista e incluso corre el riesgo de que se le quiera chantajear y hasta inculpar de faltas que no ha cometido (calumnias).

Entonces, es molesto ver como dueños de empresas y jefes exigen honestidad a los empleados, cuando esos mismos patrones no dan el buen ejemplo, lo cual nos trae a la memoria lo que dijo Jesucristo, de que son ciegos que se creen que ven.

En el caso de las relaciones entre obreros o trabajadores, a veces se dan situaciones como la siguiente; si un empleado es “demasiado honesto” y denuncia ante sus superiores irregularidades internas tales como fraudes, el poco empeño laboral de sus compañeros o el simple hecho de no querer hacerse cómplice de actos dolosos, entonces también se corre el peligro de ser hostigado.

Por eso es que la ley del silencio parece ser lo más adecuado, pero se nos olvida que sobre nuestros hombros cabeza está Dios al que no podemos ocultar nada, ni engañar. De todas formas, hemos de recordar que hay personas que engañan a muchas pero no ha todas, pues la mentira y deshonestidad son “como el aceite, que al rato flota sobre el agua”.
Otras veces antes de contratar a un obrero se le hacen algunos test para conocer su conducta y formas de vida. Por eso a veces los candidatos a un puesto deben contestar, qué clase de preferencia sexual tienen, si viven en concubinato, si practican algún credo religioso, si fuman, toman licores regularmente y si en empleos anteriores se han “enfiestado” los fines de semana con los amigos.

Pero si el entrevistado dice que no hace ninguna de las cosas anteriores, o en su lugar vive en actitud casta y ordenada, irónicamente puede ser objeto de los prejuicios de los funcionarios que aplican el test, pues si en la vida actual la gente no bebe, no fuma, no tiene relaciones íntimas pecaminosas, entonces está fuera de serie, en cambio puede ser catalogado de sociópata, puritano o pasado de moda. Por esa serie de cosas, entonces cabe ésta pregunta: ¿quién entiende a la gente?

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos