Desde hace mucho tiempo, el cine y la televisión se han caracterizado por ofrecer a la gente filmes especiales para niños, para la familia y para adultos. Actualmente, el asunto ha cambiado bastante, pues hasta en los filmes de temas de acción, de aventuras, de ficción son comunes las escenas eróticas o pornográficas, así como escenas sangrientas y llenas de violencia.

Y es que en estos aspectos, parece que no hay verdaderas prohibiciones y multas para los que producen y a los medios que emiten este tipo de programación.
Organismos como la UNESCO y sindicatos o asociaciones de productoras cinematográficas, debieran establecer normas para controlar la calidad moral del cine. El Magisterio de la Iglesia, sabiamente, has sido la única institución que ha dirimido con claridad tales aspectos.

Por eso el decreto Inter Mirificat del Concilio Vaticano II expresa: “Para el recto uso de estos medios (de comunicación social) es absolutamente necesario que todos los que se sirven de ellos conozcan y lleven a la práctica en este campo las normas del orden moral. Consideren, pues, las materias que se difunden a través de tales instrumentos, según la peculiar naturaleza de cada uno; y, al mismo tiempo tengan en cuenta todas las circunstancias concomitantes, es decir, el fin, las personas, el lugar, el tiempo y demás datos que constituyen la comunicación misma y que pueden modificar su honestidad o incluso cambiarla del todo; entre las cuales el carácter específico con que actúa cada instrumento, es decir, su propia fuerza, que puede ser tan grande que los hombres, sobre todo si no están formados, difícilmente sean capaces de advertirla, dominarla y, si llega el caso rechazarla.” Canon 4.

Más adelante, el mismo decreto agrega: “Muy especial deber moral, en cuanto al recto uso de los medios de comunicación social, incumbe a los periodistas, escritores, actores, guionistas, realizadores, exhibidores, distribuidores, empresarios y vendedores, críticos y a los demás que de algún modo intervienen en la realización y difusión de las comunicaciones; pues es de toda evidencia la trascendencia y gravedad de su cometido en las actuales circunstancias humanas, ya que, informando e incitando, pueden dirigir o hundir al género humano…” Canon 11.

Lastimosamente, pese a las buenas recomendaciones anteriores, el gran poder económico y la crisis moral impera en la industria de Hollywood y de la producción de telenovelas latinoamericanas principalmente, por eso todos los días seguimos bombardeados por el cine y filmes de televisión basura.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos