Los cañones que emiten un ruido de baja frecuencia son utilizados desde hace años para dispersar manifestaciones, pero también existen desarrollos secretos de señales infrasónicas con efectos letales: desde mareos hasta la muerte. En el incidente de La Habana, Washington no descarta la responsabilidad de Rusia

Las jóvenes relaciones diplomáticas entre ambos países vivieron su mayor nivel de tensión el miércoles cuando Estados Unidos expulsó a dos funcionarios de Cuba luego de que se comprobaran “síntomas físicos” por un presunto “ataque acústico” contra la delegación de Washington en La Habana.

El extraño incidente sucedió en el otoño de 2016 cuando varios diplomáticos estadounidenses comenzaron a perder su audición y debieron ser evacuados antes de finalizada su misión.

Las autoridades estadounidenses concluyeron que un aparato emitió dentro de los hogares de los funcionarios una frecuencia imperceptible que causó los daños, aunque no hay claridad si se trataba de un ataque deliberado o un daño colateral del misterioso dispositivo.

Estas viviendas pertenecen y son custodiadas por el estado cubano, por lo que se disparó una crisis diplomática entre los países que restablecieron relaciones en 2015.

De comprobarse el ataque, se trataría de una situación sin precedentes en el uso de las llamadas “armas acústicas”, que van desde aparatosos dispositivos montados sobre camiones para controlar manifestaciones o grandes grupos de personas, hasta diminutos aparatos con frecuencias imperceptibles infrasónicas.

Los Dispositivos Acústicos de Largo Alcance (LRAD, en inglés), también llamados “cañones sónicos”, forman parte del primer grupo y son utilizados actualmente por las fuerzas de seguridad para controlar manifestaciones.

Se trata de un disco montado sobre un vehículo, que emite un sonido agudo en un frecuencia baja de 2,5 khz y en un arco de entre 30° y 60°, es decir unos 150 decibeles dirigidos con gran precisión, según datos del fabricante. Su alcance es de 3,5 kilómetros aunque el poder se reduce a cada metro.

Comúnmente se considera que 130 decibeles es el umbral del dolor para los humanos, mientras que una conversación ocurre en los 60.

Sus efectos incluyen los dolores de cabeza, náuseas, pánico y, claro, una potencial pérdida auditiva, y fue utilizado por primera vez en 2004 durante una protesta en Pittsburgh, Estados Unidos.

Sin embargo, esta no es la única aplicación para las armas acústicas. Las principales potencias del mundo se encuentran desarrollando armas que utilizan infrasonidos, emitidos a una frecuencia menor a 20 hz que no puede ser escuchada por el oído humano.

Según el investigador alemán en armas acústicas de la Universidad de Cornnell, Jürgen Altmann, estos sonidos pueden causar vértigo, estrés, visión borrosa, falta de equilibrio y desorientación, y tras grandes exposiciones puede dañar los órganos mediante la vibración y causar la muerte, todo sin que la personas se de cuenta.

Pero si bien las investigaciones existen, poco se conoce del funcionamiento de estos dispositivos, que pueden ir desde antenas que disparan “balas acústicas” que producen daños al alcanzar su objetivo, o antenas que dirigen un “haz” de sonido constante que puede atravesar paredes y afectar a personas dentro de un edificio.

El gobierno cubano negó las acusaciones y señaló que “jamás ha permitido ni permitirá que el territorio cubano sea utilizado para cualquier acción en contra de funcionarios diplomáticos acreditados ni sus familiares, sin excepción”, lo que contribuyó también a que los investigadores evaluaran la posibilidad de que los incidentes hayan sido provocados por otro país, como Rusia, tal vez operando sin conocimiento de la cadena de mando formal cubana.

Rusia posee, al igual que Estados Unidos, un avanzado y secreto programa de armas acústicas que, según Altmann, consiste principalmente en el desarrollo de un “pulso acústico” de 10 hz que puede ser letal, así como de un tono creado por la intersección de dos sonidos inaudibles.

Esta silenciosa carrera armamentística sucede en tiempos en que ambos países viven una escalada de tensiones sin precedentes desde la Guerra Fría.

Pero además de la hipótesis de un ataque deliberado, existe la posibilidad de que la señal de infrasonido que causó daños auditivos en los diplomáticos sea el daño colateral de un dispositivo aparentemente inofensivo, en mal funcionamiento o mal diseñado.

Según señala The Guardian, el ingeniero británico Vic Tandy, de la Universidad de Coventry, descubrió en el año 1999 que un extractor nuevo instalado en una bodega del siglo XIV estaba generando infrasonidos de 18,9 hz. A raíz de esto, quienes trabajaban en al antiguo lugar estaban experimentando diversos síntomas, incluyendo visión borrosa, que los llevó a creer que estaban viendo fantasmas y que el lugar estaba embrujado.


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