La mujer que resuelve los asesinatos que la policía no es capaz de solucionar

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Red River ShowdownLa noche del 12 de octubre de 1984, el cuerpo sin vida de Angela Samota, una joven estudiante de informática, fue encontrado en su casa de Dallas (Texas). Se encontraba tumbada boca arriba, desnuda, en su cama. Su corazón había sido arrancado y estaba a la vista de los policías que encontraron el cadáver. Sus ojos azules seguían abiertos. No cabía ninguna duda de que alguien la había violado y acuchillado hasta la muerte. Pero mucho más difícil era descubrir quién había sido, algo que no ocurriría hasta 24 años después del crimen. Si por la policía de Dallas fuese, el culpable no habría sido identificado aún.

Los familiares y amigos de Samota pueden agradecer a Sheila Wysocki (o Sheila Gibbons, su nombre de soltera) haber conseguido resolver el caso décadas después. Sheila era una de las mejores amigas de Samota, y una de las primeras en enterarse del asesinato de la joven después de que una de sus compañeras de sororidad le telefonease contándole lo ocurrido. Sheila y Samota se habían conocido en la Southern Metodist Univeristy apenas unos años antes, y habían compartido piso mientras estudiaban Psicología e Informática, respectivamente.

A pesar de que el asesinato de Samota conmocionó la comunidad estudiantil, poco a poco empezó a olvidarse hasta quedar archivado en una caja de algún rincón de un almacén de Dallas. Hasta un día de 2004 en el que, mientras leía un pasaje de la Biblia, Sheila decidió que ya estaba bien y que el asesinato de su amiga debía aclararse de una vez por todas. La historia del asesinato de Samota y la hazaña de su antigua amiga ha sido publicada esta semana en exclusiva por ‘People’ y ha recibido la atención de otros medios como ‘The Washington Post’, no solo por la tenacidad de Wysocki, sino también porque muestra los vacíos que dejan aquellos que, en principio, deberían preocuparse por protegernos y hacer justicia.

Un crimen en medio del caos

A juzgar por la descripción que hace de Samota su amiga, parece una especie de Laura Palmer de la frontera americana. Lo tenía todo: era inteligente, guapa y su personalidad era magnética. La noche de su asesinato, Samota salió de fiesta con dos amigos, Russell Bunachan y Anita Kadala, señalaba el informe policial. Su novio, obrero de la construcción, se quedó en casa porque tenía que madrugar al día siguiente para trabajar.

No se trataba de una noche cualquiera, y no solo por lo que estaba a punto de ocurrir. Ese mismo día se jugaba el Red River Showdown, es decir, el partido que enfrenta a los Oklahoma Sooners con los Texas Longhorns, los equipos de fútbol americano de la Universidad de Oklahoma y de la Universidad de Texas, respectivamente. Por eso, la ciudad estaba de bote en bote, llena de aficionados del Estado vecino. En mitad de la vorágine, los tres amigos llegaron a un bar llamado el Rio Room, donde Samota saludó a todos sus conocidos, que eran unos cuantos.

A la una de la madrugada, la joven llevó a sus amigos a casa y fue a visitar a su novio para darles las buenas noches. Volvió a casa y, una vez allí, alguien llamó a su puerta pidiéndole utilizar el cuarto de baño. Le dejó entrar, pero poco después, su novio recibió una llamada en la que le suplicaba que le respondiese y que rápidamente fue interrumpida. Alarmado, este volvió a la casa pero sus llamadas no recibieron respuesta, así que decidió recurrir a la policía, que finalmente encontró el cadáver de Samota.

Las cuchilladas, según el informe, “tenían cuatro pulgadas de profundidad y una dirección de izquierda a derecha y de delante atrás a través del pulmón izquierdo, el corazón y el hígado”. Además, “el examen del asalto sexual revela que el coito vaginal se produjo durante o casi en el mismo momento de la muerte”. El principal sospechoso en ese momento fue Buchanan, el amigo de la joven, puesto que el criminal era un no segregador (es decir, su grupo sanguíneo no se puede determinar a partir de sus fluidos), y Buchanan también lo era.

La policía pidió a Sheila que comiese con el amigo de la víctima para comprobar su coartada: el joven había señalado que ese fin de semana había viajado a Houston, por lo que no se había enterado de nada hasta mucho después. La policía no fue capaz de encontrar ninguna pista más, así que el caso se fue enfriando poco a poco. Por su parte, Sheila conoció un par de años después a su marido, Charles, se casó y se mudó al Estado de Tennessee, donde tuvo a sus dos hijos. Pero nunca se olvidó de su amiga.

Resolviendo Asesinatos, ¿dígame?

Dos décadas después, Wysocki se dio cuenta de que ya era hora de hacer justicia, así que descolgó el teléfono para llamar a la policía de Dallas para animarles a revivir la investigación. Sería la primera vez de las 750 veces que lo haría. Mientras tanto, ella misma pondría en marcha su propia investigación dedicando una estancia de su casa a reunir toda la información del caso, como si de una comisaría de policía se tratase.

La insistencia, rayana con la obsesión, terminaría dando sus frutos, aunque quizá por casualidad. Finalmente, en 2008, una investigadora retirada llamada Linda Crum consiguió identificar el ADN encontrado en la escena del crimen con el de un hombre llamado Donald Bess.

En cuanto la forense obtuvo los resultados, llamó a Wysocki, y le comunicó que finalmente lo tenían. Esta pensaba que se estaba refiriendo a Buchanan, pero en realidad, el violador y asesino de su amiga no pertenecía a su círculo íntimo, sino que se trataba de un violador que estaba de permiso la noche que Samota fue asesinada, y que en ese momento estaba cumpliendo cadena perpetua. Actualmente, Bess se encuentra en el corredor de la muerte por el crimen de la joven estudiante, aunque no tiene fecha de ejecución.

Por su parte, Wysocki ha terminado dedicándose por completo a la resolución de asesinatos sin resolver en su agencia, llamada Without Warning Private Investigation. La resolución del caso de su amiga llevó a decenas de personas a escribir a la flamante investigadora privada y pedirle que hicieran lo mismo con sus seres queridos, a lo que no ha podido negarse. Es una especie de celebridad local: protagoniza uno de los episodios de ‘I Solved a Murder’, una serie sobre personas corrientes resolviendo casos criminales.

También ha producido cortometrajes, como el documental ‘What Would You Do If You Were Attacked?’, y ha montado la organización sin ánimo de lucro Without Warning: Fight Back, que se dedica a la concienciación sobre el crimen. Pero, sobre todo, y aunque quizá no sea el objetivo que tiene en mente cuando se levanta cada mañana, ha demostrado que cuando el ciudadano debe garantizar el cumplimiento de la justicia, es que algo está fallando.


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