La “Nao Victoria” (la palabra “nao” deriva del latín “navis”, barco) es una embarcación que representa una parte importante de la historia de España, ya que se trata del primer barco que dió la vuelta al mundo en el siglo XVI.

Fue una expedición de 239 tripulantes y cinco embarcaciones que zarpó de Sevilla en septiembre de 1519, bajo las ordenes del portugués Fernando de Magallanes, siendo la “Victoria” la única embarcación que regresó a este puerto en 1522 con sus 18 supervivientes, logrando entonces la hazaña más grande de todos los tiempos en la historia de la navegación. De hecho, la “Santa María” de Cristóbal Colón, que llegó al Caribe americano en 1492, y la “Victoria” de Fernando de Magallanes son las “naos” históricas más celebres.

Naves de la expedición de Magallanes

NaveTonelaje  Tripulación
Trinidad11062
San Antonio12057
Concepción9044
Victoria8545
Santiago7531
Total: 239

Al servicio del joven Rey Carlos I, Magallanes – nativo de la zona de Oporto, de linaje noble, explorador, marino – fue nombrado por la Monarquía Hispánica como Capitán General de la “Armada para el descubrimiento de la especería” – el lucrativo negocio de las especias – y Comendador de la Orden de Santiago.

La flota de las cinco “naos” de Magallanes saliò del puerto de Sanlúcar de Barrameda en el mes de septiembre, pasò por el archipiélago de las Canarias, costeó Sierra León, hizo escala en Cabo Verde y cruzó el Atlántico hasta la costa del noreste brasileño bajando hacia la bahía de Río de Janeiro.

El tripulante italiano Antonio Pigafetta, nativo de Vicenza, norte de Italia, como cronista de la expedición en su diario de bordo recoge interesantes muestras del vocabulario indígena. De Brasil, por ej., refiere palabras como: rey, cacich; cama, hamac; peine, chipag; cuchillo, tarse; tijeras, pirame; anzuelo, pinda; barco, canee; mijo, maïz

Luego, rumbo al sur, Magallanes explora el estuario del Río de la Plata, entre Uruguay y Argentina, y llega a la bahía de San Julián, en la Patagonia, donde se establece para pasar el duro invierno austral.

Aquí, de nuevo, el cronista Pigafetta nos relata interesantes indicaciones:

“Costeando siempre esta tierra hacia el polo Antártico, nos detuvimos en dos islas que sólo encontramos pobladas por pengüines y lobos marinos. Los primeros existen en tal abundancia y son tan mansos que en una hora cogimos provisión abundante para las tripulaciones de las cinco naves. Son negros y parece que tienen todo el cuerpo cubierto de plumas pequeñas, y las alas desprovistas de las necesarias para volar, como en efecto no vuelan: se alimentan de pescados y son tan gordos que para desplumarlos nos vimos obligados a quitarles la piel. Su pico se asemeja a un cuerno.”

También descubren el guanaco, un camélido de América del Sur parecido a la llama, y los lobos marinos:

“Los lobos marinos son de diferentes colores y más o menos del tamaño de un becerro, a los que se parecen también en la cabeza. Tienen las orejas cortas y redondas y los dientes muy largos; carecen de piernas, y sus patas, que están pegadas al cuerpo, se asemejan bastante a nuestras manos, con uñas pequeñas, aunque son palmípedos, esto es, que tienen los dedos unidos entre sí por una membrana, como las nadaderas de un pato. Si estos animales pudieran correr serían bien temibles porque manifestaron ser muy feroces. Nadan rápidamente y sólo viven de pescado.”

En Patagonia, Magallanes pierde dos naves: la nao “Santiago” que naufragó mientras exploraba las costas sureñas y la nao “San Antonio” cuya tripulación decidió desertar y volver a España. Además, dado el ambiente inhóspito y la falta de éxito en lograr el paso hacia el oeste, Magallanes tuvo que sofocar un importante motín entre sus hombres.

Luego de muchas exploraciones, el 21 de octubre de 1520 por fin accedierón al estrecho que Magallanes llamó “Estrecho de Todos los Santos”, nombrado así probablemente por la fecha de la respectiva festividad católica que se celebra el 1 de noviembre, aunque el nombre luego fue cambiado en “Estrecho de Magallanes”. Este descubrimiento les permitió rodear el continente americano y, poco más tarde, ante un Magallanes conmovido hasta las lagrimas encontraban un oceáno de aguas tranquilas, para nada parecidas a las aguas del Atlántico, que efectivamente bautizaron como Océano Pacifico.

Bordeando la costa chilena, procedieron rumbo al norte para luego virar al noroeste navegando el Pacífico Sur hacia varias Islas como San Pablo, Puka Puka, etc. que hoy en día se identifican como Polinesia Francesa.

La fortuna de iniciar una travesía por aguas calmas, sin encontrar las tempestades típicas atlánticas, fue sin embargo amargada por la deserción de la “San Antonio” que era el barco bodega que cargaba las provisiones y durante los tres meses que la tripulación navegó en el Océano Pacífico se vió azotada por la hambruna. Los navegantes llegaron a pagar cuantiosas monedas por algo comestible. El agua dulce se pudrió, apareció el escorbuto ( enfermedad producida por la falta de vitamina C) y los hombres llegaron a comer incluso cuero reblandecido y aserrín de madera.

El cronista Pigafetta relata:

“La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era putrefacta y maloliente. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de cuero que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera… Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas… Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos…”

En marzo de 1521, entrando ya en el Pacífico occidental, por fin llegaron a la “Isla de los Ladrones”, posiblemente la actual isla de Guam en el archipiélago de las Marianas. Allí la tripulación fue recibida bien por los nativos indígenas, que obsequiaron numerosos regalos a los visitantes, los cuales aprovecharon para descansar y aprovisionarse de víveres.

Navegando hacia el oeste en búsqueda de las Islas Molucas, las islas de las especias – objetivo principal de la expedición – Magallanes y los suyos llegaron a un archipiélago que pocos años más tarde, en honor al Rey Felipe II, se conocería como las “Islas Filipinas”. Magallanes había de hecho llegado al Extremo Oriente, aquellas Indias que tres décadas antes se había propuesto alcanzar Cristóbal Colón.

El 27 de abril de 1521, luchando contra una tribu indígena en la isla de Mactán, en el centro del archipiélago filipino, Magallanes caía gravemente herido. Tras la muerte de su Capitán, la tripulación quemaba la nao “Concepción” y continuaba hacia las Molucas con la “Trinidad” y la “Victoria” al mando del nuevo Capitán Juan Sebastián Elcano.

En las Molucas, la actual Indonesia, la expedición cargó preciadas especias como nuez moscada, clavo de olor, canela, etc. – objeto prioritario del viaje – y emprendieron el regreso a España navegando siempre hacia oeste y evitando puertos y rutas controladas por Portugal. La “Trinidad” navegaba mal y entró a puerto en la pequeña Isla de Tidore para ser reparada y volver por el Pacífico hacia Panamá. Finalmente, Elcano tomó el mando de la “Victoria”, atravesó el Oceáno Ïndico, rodeó el Cabo de Buena Esperanza en Sur África y bordeando las costas occidentales africanas llegó a Sanlúcar de Barrameda, en el mes de septiembre de 1522, puerto desde donde habían zarpado tres años antes.

De cinco naos y 239 hombres que salierón en 1519 ahora llegaba solo la “Victoria” con 18 tripulantes. Otros cinco tripulantes volverían a España en 1525, siendo ellos marinos de la “Trinidad” que habían sido hechos prisioneros por los portugueses. Sin embargo, el arriesgado viaje había valido la pena, pues la carga de especias que trajeron era suficiente para pagar el costo de todo el proyecto.

El cronista Pigafetta escribía:

“Gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre de 1522 entramos en la bahía de San Lúcar… Desde que habíamos partido de la bahía de San Lúcar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo entero… El lunes 8 de septiembre largamos el ancla cerca del muelle de Sevilla, y descargamos toda nuestra artillería”

La distancia de 14.460 leguas marinas equivale a 80.340 kilómetros. Si consideramos que la circunferencia del planeta Tierra mide 40.075 kilómetros en el Ecuador, pues podemos afirmar que la circunnavegación del siglo XVI, por sus variadas rutas oceánicas, en realidad cubrió dos veces la circunferencia de nuestro planeta, una distancia extraordinaria!

En todo caso, así concluía de manera exitosa la primera travesía marina del mundo: la circunnavegación realizada por la “Nao Victoria”, hace cinco siglos atrás, al mando de los Capitanes Magallanes y Elcano.

Por: Nereyda Guerrero De Manderioli
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