La conquista de la gran Colombia ese choque entre dos mundos fue un acontecimiento de grandes magnitudes, desbastadoras para Nuestros Abuelos, además de cambiar todo un país, religión, costumbre, robo de tierras, muerte destrucción de su pasado, presente y futuro, podemos asegurar que los males para los que habitamos esta nación, se originó en ese momento al enfrentar la honestidad, inocencia, la MORAL…etc. Contra El fuego de los cañones, la espada, la mentira, el saqueo, el odio racial y las violaciones.

La historia de nuestro país también puede ser contada a partir del crimen de la pobreza, si nos decidimos a mirar la realidad desde los ojos de las víctimas.

En un proceso de casi doscientos años, donde agonizan los sueños de la revolución de Bolívar y el bien común como meta de la vida social, se reproducen las mismas víctimas, siempre indefensas y desarmadas, frente a victimarios reincidentes, que tampoco cambian en el ejercicio del horror. Detrás de los hechos, de la auto-exculpación, la impunidad la renegación y otros levamientos de la realidad, surge un fin manifiesto: garantizar con la pobreza la acumulación de la riqueza a través de La naturaleza humana: el Soborno, la compra de favores y el beneficio privado; con gran acierto, podemos deducir que existe una causa detrás de la causa, el dinero, que pervierte a los funcionarios públicos, dejando al Estado indefenso, y con él, al componente social expuesto a la vulneración de sus derechos, tras el ejercicio de las servidumbres y de las pasiones agónicas sobre los cuerpos flagelados, producto de la CORRUPCION. Que arrecia con furia en los años 90, que se convirtió en parte del coloquio de la prensa colombiana, tanto a modo de denuncia como de reivindicación de los esfuerzos del gobierno por acabar con un mal que el mismo propicio. Hasta nuestros días se pasea campante por la vía pública. Los titulares de Prensa eran: “Corrupción: peor que guerrillas”, “Corrupción e indiferencia”, “Crean frente común contra la corrupción”, tiendo por particularidad, un sutil sabor a tabú. Digo sutil puesto que a pesar de la existente normatividad, es decir, la existencia de derechos y deberes que nos permiten y exigen, respectivamente, denunciar sin mayor temor cualquier caso, la mayoría de las personas prefieren abstenerse, ya por desinterés, o por un temor debidamente fundado, consecuencia misma del fenómeno de la corrupción; incrustado en el sistema judicial, cuestión que ocupa mi columna hoy.

Buscar responsables en el tema de la corrupción es tan fácil como difícil, por muy extravagante que suene esta expresión, su valor de verdad se mide por la forma como la experiencia ha dejado ver que son tantos los factores influyentes para poder abarcar el asunto, que falta restringirlo con respecto a ciertos parámetros. Para nuestro caso particular, el caso colombiano, uno de los elementos diferenciables de los demás países fue el narcotráfico

Aunque en sentido estricto, a nuestro modo de ver, los grupos al margen de la ley no son causas de la corrupción, sino consecuencia de ésta. En su génesis, los grupos armados y demás, surgen por la inconformidad de algunos sectores sociales ante los manejos inadecuados de los recursos públicos que redundan en el detrimento de las condiciones de los menos favorecidos, con ideales de justicia y equidad. Todo esto hace referencia a una consecuencia de la descomposición. Luego podemos afirmar que estas organizaciones armadas no son en esencia el germen de la corrupción, sino elementos que generan más pudrimiento. Son agravantes de la putrefacción. Para el caso colombiano, la razón por la que dichos grupos se han convertido en un problema grave para el Estado se muestra cuando truecan al narcotráfico en su fuente de financiación. Entonces, narcotráfico y guerrillas se convierten en par de piedras en el zapato para el ejercicio de un gobierno sano, infundando miedo y comprando conciencias. Cuando muchos funcionarios públicos se aperciben de lo lucrativo que este negocio podía resultar deciden sin mayor escrúpulo optar por seguirlo y, con ello, la corrupción alcanza niveles extravagantes, lo cual, desafortunadamente trae consigo pobreza, inseguridad, violencia e injusticia que han sido un común denominador en los últimos veinticinco años.

Por eso; La pobreza: el crimen que nadie dice


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