En Venezuela no es necesario realizar un estudio demográfico para saber que ha aumentado la cantidad de personas en pobreza extrema. Es cierto que el gobierno nacional ha desarrollado la misión vivienda, también es cierto que esas viviendas no han reemplazado las casas en alto riesgo y que la cantidad de invasiones y personas necesitadas va en aumento.

Según el Instituto Nacional de Estadística en un estudio publicado en el año 2.015, la pobreza en Venezuela se ubicó en un 33,1 %, de ese porcentaje un 9,3% de las familias están en pobreza extrema, cifra que el gobierno no quiere dar a conocer ni refleja en la memoria y cuenta anual.

En el año 2.012 se manejaba la cifra de 6%, un porcentaje muy bajo en relación al reflejado en años anteriores en Venezuela. A partir de finales de ese mismo año la cifra fue en aumento.

Venezuela experimenta una de las peores crisis económicas que ha vivido, una alta inflación, escasez de productos básicos, una baja en los precios del petroleo y falta de políticas eficientes han llevado al país a un precipicio del cual no ha podido salir.

Solo hace falta salir a la calle un par de minutos y esperar que la realidad de un país en crisis te golpee. Personas pidiendo dinero, algunos pidiendo comida, largas colas para comprar pan (por ser lo más económico), personas hurgando la basura, en fin, el venezolano la tiene difícil.

En un costado de la autopista Francisco Fajardo se encuentra Luis, un señor que trabaja como recolector de escombros con un amigo, cuando no tiene trabajo repara zapatos a amigos, antes se dedicaba a ese oficio pero el costo de los hilos y las herramientas lo obligaron a hacerlo como un hobby. Tiene años viviendo en la calle y vive de lo que consigue y de los regalos de amistades que ha hecho a través de los años.

En urbanizaciones y avenidas principales se observan personas en situación de calle buscando comida en la basura, personas que en un pasado tenían algún oficio pero que hoy en día lo que producen no les alcanza.

Esa es la Venezuela del siglo 21.

Por: Román Camacho / LaPatilla.com


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