Son preocupantes los datos que acaba de publicar el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) sobre la evolución de la pobreza monetaria -es decir, sobre la pobreza medida por el nivel de ingreso de las familias, y no por el acceso a ciertos servicios básicos, como decir acueducto o escuela-.

La tendencia decreciente que se había observado durante los últimos años se frenó, y la incidencia de la pobreza monetaria volvió a aumentar en Colombia. Como se observa en la Gráfica 1, la incidencia de la pobreza disminuyó de 49,7 por ciento en 2002 a 27,8 por ciento en 2015, pero en 2016 volvió a elevarse levemente hasta 28 por ciento. En las cabeceras municipales esta incidencia aumentó de 24,1 por ciento en 2015 a 24,9 por ciento en 2016.

Gráfica 1. Incidencia de la pobreza monetaria 2002-2016.

La pobreza extrema (o ingreso familiar insuficiente para una dieta mínima de alimentos) también pasó de 7,9 por ciento en 2015 a 8, 5 por ciento en 2016 (Gráfica 2). Y en las cabeceras esta pobreza creció de 4,9 por ciento en 2015 a 5,6 por ciento en 2016.

Gráfica 2. Incidencia de la pobreza extrema 2002-2016.

Este cambio de tendencia indica que los avances habían sido frágiles, y que por tanto es necesario abordar las razones de fondo o los problemas estructurales para avanzar efectivamente hacia la erradicación de la pobreza. Hemos llegado a un punto de quiebre es decir, al momento de analizar con cuidado los supuestos que inspiran la estrategia vigente de lucha contra la pobreza y la real eficacia de sus instrumentos.

Las tres explicaciones

La pobreza monetaria aumentó por las siguientes razones:

  1. El aumento del precio de los alimentos.
  2. El aumento de la tasa de desempleo y el alza insuficiente de los salarios.
  3. La poca efectividad de la política fiscal para disminuir la concentración del ingreso.

Paso a explicar cada una de estas causas.

1. Aumenta el precio de los alimentos

¿Cuánto ingreso mensual necesita una familia para que sus miembros en efecto consuman una canasta de alimentos mínima es decir, para que eviten la desnutrición – o, como dije, para escapar de la pobreza extrema-? La respuesta a esta pregunta no es fácil porque depende no solo de cómo se defina y se costee la canasta mínima, sino además de cuánta sea la parte del ingreso total que las familias dedican a los alimentos.

Durante los últimos diez años, la importación de alimentos básicos pasó de un millón a doce millones de toneladas.

Sin ocuparnos aquí de la canasta alimentaria, hay que decir que la proporción del gasto en alimentos se ha estimado en un valor de 2, 1 (es decir que por cada peso en alimentos los hogares gastan 2,10 pesos en otras actividades); y esta cifra es similar a la del resto de América Latina. Partiendo de esta base, el Cuadro 1 presenta los niveles de ingreso por persona que una familia requiere para acceder a la canasta alimentaria básica es decir, para vivir por encima de la “línea de pobreza extrema” o “línea de indigencia”:

Cuadro 1. Valor mensual per cápita de la línea de indigencia (pobreza extrema), pesos corrientes (2015 y 2016).

A escala nacional el valor de la línea aumentó de 102.109 pesos en 2015 a 114.692 en 2016,  cantidad que como dije representa el costo de la canasta nutricional básica. Entre los dos años el valor de la canasta aumentó un 12,3 por ciento es decir que el aumento de los precios de los alimentos tuvo un efecto claro sobre la indigencia.

Por otra parte el Cuadro 2 presenta los valores de la línea de pobreza (o sea 2,1 veces más que la línea de indigencia):

Cuadro 2. Valor mensual per cápita de la línea de pobreza, pesos corrientes (2015 y 2016).

A escala nacional, el valor de la línea aumentó de 223.630 pesos mensuales por persona a  241.673 pesos. Esta variación del 8,1 por ciento fue impulsada por los cambios que tuvo la línea de indigencia es decir, porque el alza en el precio de los alimentos fue mayor que la inflación en su conjunto (o el IPC total).

Pero el aumento del precio de los alimentos no fue un fenómeno circunstancial sino el reflejo de dos factores estructurales a saber:

  1. La pérdida de la seguridad alimentaria del país. Durante los últimos diez años, la importación de alimentos básicos pasó de un millón a doce millones de toneladas. Durante las bonanzas del petróleo y de la minería, y cuando el dólar era barato, se optó por importar alimentos en vez de consolidar la productividad de la agricultura.
  2. La devaluación del peso, que por supuesto encarece las importaciones. Entre 2015 y 2016, el IPC (índice de precios al consumidor) de alimentos aumentó 7,22 por ciento, mientras que el IPC total subió 5,75 por ciento. Esto significa que el precio de los alimentos creció más que el del resto de bienes.

2. El aumento de la tasa de desempleo y el ligero aumento de los salarios.

Según el último reporte del DANE, la tasa de desempleo en 2016 fue ligeramente superior a la de 2015. Y entre estos dos años el salario mínimo aumentó 7 por ciento, que es un ritmo inferior al del aumento en el valor de la línea de indigencia.

Dicho de otra manera: la capacidad de pago de los trabajadores disminuyó porque hubo más desempleo y porque el alza salarial no compensó el aumento en los precios de los alimentos.

3. La poca efectividad de la política fiscal para disminuir la concentración del ingreso.

Por último la política fiscal – entendida como la conjunción entre impuestos que pagan las personas y los subsidios que reciben del Estado- ha sido incapaz de reducir la concentración del ingreso.

Otras experiencias han sido muy distintas. En Austria, gracias a la política fiscal, el coeficiente de Gini pasó de 0,45 a 0,21. En Bélgica este coeficiente se redujo de 0,50 a 0,24. Esto significa que la combinación de impuestos y de subsidios puede mejorar mucho la distribución del ingreso.

A diferencia de estos países, en Colombia la política fiscal no ha hecho variar el Gini, de modo que el impacto positivo de algunos programas sociales sobre el bienestar de las familias pobres se ve contrarrestado por el peso de los impuestos que deben pagar esos mismos hogares.

Pobreza en las ciudades

También preocupa que la pobreza haya aumentado durante los tres últimos años en ciudades que habían logrado reducciones importantes, como decir Bogotá y Bucaramanga. El Cuadro 3 pone en evidencia la brecha que existe entre distintas ciudades, pero también muestra que los avances en esta materia se pueden revertir.

Los gobiernos locales tienen un margen de maniobra importante y deberían tratar de contrarrestar las tendencias negativas que hoy operan a escala nacional.

Cuadro 3. Incidencia de la pobreza, de la pobreza extrema, y coeficiente de Gini Ciudades capitales (2014-2016).

Un consuelo

La pobreza multidimensional no se refiere al ingreso familiar sino a otros varios elementos que contribuyen a su bienestar (acceso al acueducto, a la salud, a la educación pública…). Pues bien, a diferencia de la pobreza monetaria, la multidimensional sigue bajando: su incidencia bajó de 30,4 por ciento en 2010 a 17,8 por ciento en 2015 (Gráfica 3).

Entre las 15 variables que integran el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) las carencias de los colombianos son especialmente notorias en materia de: logro educativo, trabajo informal, rezago escolar, desempleo de larga duración y falta de acceso a una fuente de agua mejorada.

El IPM se ha convertido en un excelente instrumento de política económica porque permite hacerle seguimiento a cada uno de los componentes del índice. Para que el IPM mantenga  su tendencia a la baja, la política pública debe prestarle especial atención al logro educativo, a la informalidad y al desempleo de larga duración.

Los índices

Los índices de pobreza monetaria y multidimensional son dos medidas complementarias, que se deben leer conjuntamente. Para cualquier país es importante que ambos índices mejoren, y para eso es necesario combinar alternativas que afecten las políticas fiscal y monetaria.

De todas maneras en Colombia se requieren cambios estructurales (seguridad alimentaria, mejores salarios, menor desigualdad) para que los avances que se han conseguido en la lucha contra la pobreza no se vayan para atrás.

Jorge Iván GonzálezPor: Jorge Iván González