La resiliencia como capacidad para construir una vida con sentido

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«Debemos aceptar la decepción finita, pero nunca debemos perder la esperanza infinita.»
Martín Luther King.
(1929- 1968)

Era una noche sin estrellas y el viento revolvía  todo lo frágil a su paso, el mar ruidoso, y a lo lejos las luces de algunos buques iluminaban la costa.

Un grupo de jóvenes eran protagonistas de una velada bajo el cielo despejado, sus siluetas eran mágicas en la penumbra con las luces de sus autos y el sonido de aquella música, entre alegre y sensual.

Era una noche de verano, y tras el  confinamiento, por la pandemia del Covid.19, era imperioso salir a respirar.

De entre los jovencitos se me acerca uno de ellos y entablamos una corta plática, me llamó la atención que a su corta edad  ostentaba la asesoría de un alto ejecutivo del Gobierno local.

En un momento su mirada se nubló y mencionó que quedó huérfano a sus 7 añitos, y cómo este doloroso evento jamás pudo olvidar.

Pensé conmovida que cuando un niño pierde a su madre, esa experiencia es un trauma duradero que impacta fuertemente  su desarrollo. Sin embargo, en este joven, pude mirar más allá de sus palabras: Una elevada capacidad de resiliencia.

José Alfredo Defáz Valdez, nació en Bahía de Caráquez, ECUADOR, el 21 de octubre de 1995, actualmente tiene 24 años de edad, sus estudios, aún en proceso de culminar una profesión.

Con sus propias palabras, he aquí, su historia.

¿Cómo se produjo el acontecimiento que marcó su vida en la niñez?

A mis 7 años de edad, la vida me daba un duro golpe, el cual reproché tanto y hasta renegué de Dios. Aquel 25 de Marzo del 2002, fue la mañana más obscura de mi vida.  A las 10 horas de ese lunes 25 de marzo del 2002, la mujer que más amo, MI MADRE, de un beso y un suspiro que parecía interminable, me decía adiós para siempre. Un cáncer acababa con su vida, en aquel entonces parecía no entender nada, pero muy al fondo sabía que mi madre estaba muriendo. Lloré, grité y sin parar de hacerlo le preguntaba a mis hermanos, a mis abuelos y tíos el porqué mi madre había muerto.

Mi inocente corazón estaba roto en mil pedazos, no había palabras ni abrazos que lograran estabilizarme, sabía muy al fondo que nunca más volvería a ver a mi gran amor.
Mientras llegamos a casa, ella fue velada cerca de 3 horas en una cama hasta que llegaran con el equipo de mortuoria y recuerdo que le hablé llorando y le pedía que regrese, que la necesitaba, que quería jugar con ella, quería que me siguiera llevando de viaje y que me dijera cosas muy bonitas; ella jamás me respondió.

¿Quiénes estaban a su lado en ese doloroso momento?

Mi abuelito Carlos (padre de mi madre) al verme tan dolido, se convenció de velar a mi madre tres días, llegó la hora en que ella tenía que ser sepultada, supliqué porque no lo hagan, no la quería dejar de ver, al ser llevada al cementerio grite al cielo y dije «Mami te amo, no me dejes por favor» . Escuché llantos fuertes de quienes nos acompañaron en su última morada. No paré de gritarles, «Por favor no tiren tierra a mi mamá, no por favor, y seguía diciendo «mami no, por favor mamita vuelve, te necesito conmigo».

Mi hermana mayor me tomó y me abrazó duro y sin soltarme lloraba conmigo.
Hoy han pasado 18 años de su partida y aunque suene algo raro, yo recuerdo todo, mis hermanos siempre me preguntan cómo siendo tan niño puedo recordar cada cosa que pasó. Hoy la recuerdo, pero llevo en mi corazón la ilusión de que un día volveremos a estar juntos. En mis oraciones pido a Dios y a ella me den la fuerza suficiente para lograr cada sueño y metas que tengo sobre mí y los míos.

¿Qué aprendió de esa experiencia?

Que jamás se debe perder la fe. Con el tiempo entendí que los designios de Dios tienen un propósito en esta vida, aprendí a ser fuerte desde niño,  a no dejarme vencer fácilmente y creer que cada cosa en esta vida tiene un propósito.

Y sin duda que el dolor como cincel fue tallando su personalidad, su capacidad de enfrentar con entereza el dolor y tras este dolor mirar el futuro con una visión positiva.
La juventud es la arcilla fundamental para construir pilares de transformación humana.

¿Al faltar tu madre, quién se ocupó de cuidarte?

Quedamos al cuidado de mis abuelos maternos

¿Quiénes fueron esas personas importantes que contribuyeron a tu formación??

Sin duda mis abuelos, ellos han sido los pilares de mi vida y formación.

¿Qué factores crees tú que son importantes para desarrollar la resiliencia en un niño??

Para mi es importante fomentar el optimismo con palabras de ánimo, si no sale bien la primera vez, seguirlo intentándo. El optimismo y la perseverancia son importantes para desarrollar la resiliencia.

¿Qué cualidad predominante en tu personalidad, ha sido la que te ha permitido alcanzar logros importantes en una organización laboral??

Creo que ser honesto, con la verdad, ante todo, ser humilde, espontáneo y eficiente, soy enemigo de las injusticias.

¿Qué mensaje le darías a la juventud??

A los jóvenes del mundo mi mensaje es y será no perder la fé en sí mismos, aceptarse y aceptar con valor los designios de la vida, valorarse y valorar a nuestros padres. Ser perseverantes entender que nosotros somos constructores de nuestros destinos, y que debemos trabajar día a día en nuestros proyectos de vida. Somos nosotros quienes marcamos nuestro presente y nuestro futuro.

“Lo que cabe en tu mente, cabe en tu mano.” Albert Einstein lo intentó cientos de veces y le dejó un gran legado al mundo. Nosotros también podemos intentarlo las veces que sea necesario mientras exista en nosotros la fuerza de voluntad lo podemos hacer y lo vamos a lograr.

Un gran mensaje para la juventud, la grandeza de espíritu no tiene límites, cuando se opta por desarrollar la riqueza interna y la fortaleza que cada niño trae al venir a este maravilloso mundo.

Por: Lucy Angélica García Chica
Poetisa y educadora