La siniestra historia de la isla de Hawái en la que eran confinados los enfermos de lepra

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Kalaupapa es una península de la isla de Molokai.

Llegaron a la isla de Molokai, en Hawái, pensando que su único destino era la muerte.

Es lo que sucedió con unas 8.000 personas que, entre 1866 y 1969 fueron trasladadas a Kalaupapa, una remota península en el norte de esta isla hawaiana que durante 100 años sirvió como lugar de exilio forzado de enfermos de lepra.

Actualmente queda un grupo de unos 10 pacientes quienes, libres para marcharse lejos, eligieron quedarse en sus humildes bungalows en el aislado territorio en el que construyeron una vida, forjaron familias y llegaron a ser felices.

Lugar de aislamiento forzado

Kalaupapa es un hermoso territorio situado en la costa norte de la pequeña isla hawaiana de Molokai a la que está unida por un estrecho sendero de tierra.

En la segunda mitad del siglo XIX, Kalaupapa se convirtió en una comunidad de lepra a la que llegaron enfermos de todas las edades que fueron obligados a dejar atrás sus hogares y familias.

La lepra, hoy conocida como enfermedad de Hansen por el científico que identificó por primera vez la bacteria que la causa, llegó a Hawái con las personas que emigraron al archipiélago para trabajar la tierra.

Los hawaianos no habían sido expuestos antes a la enfermedad y esta falta de inmunidad hizo que el mal se propagara de forma alarmante.

En 1865, Hawái aprobó leyes que permitían el arresto y traslado de las personas con lepra a “lugares de tratamiento o aislamiento” y en 1866 se creó la colonia de Kalaupapa.

Los envíos de pacientes se producían dos o tres veces al año.

En total se cree que, a lo largo de un siglo, llegaron unas 8.000 personas.

Búsqueda de raíces

“Es bueno que las personas recordemos a quienes estuvieron ahí antes que nosotros. Es como con aquellos que fueron a la guerra y murieron, que tienen monumentos con sus nombres. Hubo miles de personas que fueron enviadas a Kalaupapa. Mi madre fue una de ellas”, cuenta Peter Keola Jr., de 82 años.

Keola es una de las personas que buscó la ayuda de Ka ‘Ohana O Kalaupapa, organización sin ánimo de lucro formada por pacientes de Kalaupapa, familiares y amigos de la comunidad.

“Uno de los objetivos de ‘Ohana es servir de contacto para los familiares que intentan encontrar sus raíces en Kalaupapa”, le dice a BBC Mundo Valerie Monson, coordinadora de la organización, que lleva casi 30 años haciendo entrevistas a los habitantes del lugar.

“Muchos descendientes viajan a Kalaupapa para completar su árbol genealógico y encontrar la máxima información posible sobre sus ancestros, de los que quizá no sepan nada”, agrega.

Por el momento sólo 1.300 tumbas identifican dónde descansan los restos de quienes fallecieron por la enfermedad. De las otras 6.700 personas todavía no se sabe exactamente qué fue.

Paisaje paradisíaco

Kalaupapa está separada por traicioneros acantilados del resto de Molokai, una isla sin semáforos que se enorgullece de su aislamiento rural.

La península tiene un paisaje que quita el aliento a la vez que fascina.

Un paraíso como Kalaupapa quedó convertido en una colonia de enfermos.

Con playas de arena blanca y arrecifes de coral, sus pequeños bungalows parecen detenidos en el tiempo.

“Dan una idea de cómo era Hawái antes de Waikiki, de la Segunda Guerra Mundial y de la serie Hawái Five-0”, cuenta la periodista Alia Wong.

El aura de misterio que rodea la historia pasada de enfermedad y aislamiento parece perdurar en lo difícil que es acceder a la isla.

Los turistas generalmente llegan sobre el lomo de una mula.

La población está formada en su mayor parte por trabajadores sanitarios y empleados del sistema de conservación de parques naturales.

Las visitas diarias se limitan a 100 adultos, no se permite el acceso de menores de 16 años y los visitantes deben ser invitados.

Entorno feliz

Wong ha entrevistado durante los últimos años a personas íntimamente conectadas con Kalaupapa y también a voluntarios de conservación o investigadores especializados en la lepra.

“La palabra que todos usan para describir el lugar es sagrado”, señala la periodista.

“A la mayoría de la gente le resulta difícil articular cómo les hace sentir Kalaupapa”.

Curiosamente, muchos de los recuerdos de quienes todavía sobreviven son felices.

Los pacientes se enamoraron y, según los registros oficiales, cerca de 1.000 parejas se casaron sólo entre 1900 y 1930.

Había bailes y actuaciones musicales, concursos para ver quién hacía la guirnalda hawaiana más bonita y partidos de softball.

Las iglesias eran lugares de encuentro, incluida una construida por el padre Damián, un sacerdote belga que llegó a Kalaupapa en 1873, contrajo la lepra al vivir con los enfermos, falleció en 1889 y posteriormente fue canonizado.

Bebés adoptados

Pero también hay historias de dolor y separación, como es el caso de los bebés que, al nacer, fueron retirados de sus madres enfermas y entregados en adopción, con certificados de nacimiento que borraron el rastro de sus madres biológicas.

Alia Wong conoce muy bien el caso de Linda Mae, cuyos padres eran pacientes en Kalaupapa.

“Desde el momento que nació, el Departamento de Salud se hizo cargo de ella y la entregó a una familia en Owaku, otra isla.

“Creció sin conocer su pasado pero desde que descubrió la verdad, emprendió una misión para arrojar luz sobre los niños que fueron retirados de sus padres biológicos”, relata Wong en conversación con BBC Mundo.

La cuarentena se levantó en 1969, una década después de que Hawái se convirtiera en estado de Estados Unidos y más de dos décadas después de que se desarrollaran las medicinas para tratar la lepra.

Aun así, fueron muchos los que decidieron quedarse en sus pequeñas viviendas: la comunidad se convirtió en su única familia y dejar la península hubiera supuesto un nuevo exilio.

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