Un error de muchos padres de familia es exigir a sus hijos respeto y buen estado de ánimo, a pesar de que los mismos progenitores nunca han dado el buen ejemplo. Es más, por tendencia común los hijos adoptan los moldes paternos, o sea, es difícil en un ambiente donde siempre se han escuchado gritos, peleas, insultos y humillaciones, esperar individuos afables y tolerantes. Nadie puede dar amor si no lo tiene, nadie puede dar luz si no la conoce, nadie puede guiar a un ciego en el alma, si éste también es ciego.

Tan grave es el daño que algunos papás entronizan en la familia que eso genera individuos con baja autoestima y problemas de adaptación social, a veces crónicos. Y es que la familia en realidad es un cuerpo social el cual debe ser alimentado con el diálogo, el respeto, la ayuda psicológica mediante terapias de grupo y sobre todo con el sentido espiritual. Por eso si ese cuerpo está carente de vitaminas sociales y de equilibrio emocional de sus miembros, entonces se enfermará con el riesgo de desintegrarse.

Además, hay una serie de conductas mundanas, como el libertinaje, las ideas del hedonismo, consumismo y materialismo que ponen en peligro la sana unión familiar.
Es por esas realidades tan adversas que, la Iglesia desde siempre se ha preocupado a través de su misión apostólica por hacer una serie de recomendaciones, así como en dictar valiosos documentos a favor de la integridad de la familia, y de la buena formación de los hijos. Y para verificar que eso es cierto, se pueden citar algunas consideraciones.

El decreto conciliar (Vaticano II) “Inter. Mirificat” en su artículo 10 expone: “…Recuerden los padres que es deber suyo vigilar cuidadosamente para que no entren en el hogar espectáculos, impresos o cosas parecidas que pueden ofender a la fe, o buenas costumbres, y que sus hijos no los vean en otras partes”.

En la constitución del mismo Concilio Vaticano “Apostolicam Actuositatem”, en su artículo 3º advierte: “…En la familia es, obligación de los padres el disponer a sus hijos desde la niñez para el conocimiento del amor de Dios hacia los hombres, enseñarles gradualmente, sobre todo, con el ejemplo, la solicitud por las necesidades del prójimo, tanto de orden material como espiritual…”

De tal manera los aspectos tratados han de reflejar la seria y responsable tarea, que pesa sobre los padres de familia, en su intento por construir y sostener una sociedad más solidaria, y con sólidos valores espirituales.

Ad Maiorem Dei Gloriam

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos