La digitalización de la televisión abierta en el mundo ha significado un gran desafío para la industria, no solo por la complejidad del proceso de implementación y el gran reto que representa equipar las tecnologías de recepción en los usuarios finales, sino también porque esta tecnología ha permitido prestaciones y servicios muy superiores a las de la televisión analógica.La Televisión Digital Terrestre (TDT) significa la digitalización y computarización del audio y video de aquellos canales que, durante más de cinco décadas, se transmitieron por el espectro radioeléctrico de manera analógica. La TDT permite un uso mucho más eficiente del espectro radioeléctrico y desencadena múltiples servicios adicionales, como la significativa mejora en la calidad del video, que pasa de estándar (SD) a la alta definición (HD).

Las características digitales de compresión y multiplexado (la posibilidad de incluir múltiples canales en una misma señal) traen consigo opciones como la incorporación de emisoras de audio digital, la inclusión de una guía electrónica de programación y una interactividad potencial, entre otras muchas alternativas.

Posiblemente, la mayor ventaja de la TDT sea la cobertura. Transmitida por antenas terrestres, con una potencia mucho menor puede lograrse una señal de mejor calidad, lo que permite llegar a más amplios territorios de cada país, a los que no llega el cable o donde el satélite sigue siendo una opción muy costosa. Esta característica es esencial desde el punto de vista de la televisión como servicio público importante para la democracia.

El proceso de migración de la televisión tradicional a la digital abierta ha tardado más de dos décadas en consolidarse y posiblemente se requiera otra década más para finalizar la migración a nivel global. Al mismo tiempo, se ha generado una evolución asimétrica, en virtud de las características sociales y culturales de cada nación, lo que en algunos casos ha promovido profundos cambios en las formas de consumir televisión y en otros solamente ha servido para mejorar la tecnología de transmisión.

¿Pero es la Televisión Digital Terrestre una amenaza para la Televisión por Suscripción?
Aunque a simple vista pareciera que las múltiples prestaciones con las que se encuentra dotada la TDT son suficientes para provocar una amenaza a la televisión por suscripción, el impacto que ha generado en la industria es mucho más complejo de lo originalmente proyectado. No obstante, es posible que dicha amenaza no sea tan evidente
En Europa, la implementación de la TDT promovió un importante impulso a las televisiones abiertas, especialmente a la televisión de servicio público que, gracias a las mejoras técnicas, logró una mayor penetración territorial. Al tiempo, crecieron las ofertas de contenidos y la posibilidad de usar el transmisor (múltiplex) para emitir canales de inclusión o subtemáticos, la emisión de información extra de gran interés para el público (como el estado del tiempo) y la posibilidad de transmitir información complementaria.

En dicho continente la TV abierta sí compite bien con la de suscripción, pero esto no es resultado de la digitalización sino que es tradicional, dados los altos estándares de calidad de la programación abierta y una cultura ciudadana televisiva mayor.
En Asia, la TDT se especializó en señales de televisión para móviles, con un énfasis en aplicaciones ciudadanas como prevención y alerta de desastres. En dicho continente, cuyo mejor ejemplo es Japón con el estándar ISDBT, se promovió un énfasis en garantizar la calidad de la señal en condiciones complejas como trenes subterráneos o de alta velocidad, zonas residenciales con alta densidad de consumo eléctrico y otros factores asociados a una particular forma de vida.

En América, mediante políticas promovidas por Estados Unidos y replicadas por los demás países, la TDT se concentró en el suministro de TV en alta definición, más que en la diversificación de canales, la movilidad o los servicios interactivos. La variedad temática continuó fortaleciéndose en la televisión por suscripción, ya sea cable o satélite, sistemas en los que la generación de canales es más rentable.

En América Latina, el cable continúa creciendo significativamente en ciudades, poblaciones urbanas y semiurbanas, al tiempo que el satélite se expande en zonas rurales. Por ello, lo que la TDT, independientemente del estándar implantado (ISBD, DVB o ATSC), ha logrado solucionar es la prestación gratuita del servicio básico en poblaciones de escasos recursos, consolidando su principio universal de servicio público, que ahora llega con mayor calidad.
Es por lo anterior que, en nuestra región, la TDT no representa una amenaza, sino más bien un servicio complementario, dado que la variopinta oferta de canales temáticos de la TV por suscripción, por ahora, en América Latina, ni podrá, ni se busca igualar con la oferta de TV abierta.

El cable posee una gran ventaja competitiva, por lo menos mientras no se desarrollen globalmente sistemas de doble vía: las posibilidades para suministrar Internet, telefonía y demás servicios N-play, soluciones que simplifica la oferta comercial para el usuario.

Es posible que la verdadera amenaza de la TV paga venga de la eventual integración espontánea de los servicios de TDT con los de las OTT; es decir, la suscripción de servicios de VOD por Internet (tipo Netflix o Hulu), complementados con la señal TDT. Con esta combinación el usuario tendría la posibilidad de consumir contenidos locales ya sea en vivo o diferido, al tiempo que puede ver, a la carta, programas y series globales de gran calidad.
No obstante, mientras siga habiendo eventos en directo como partidos de fútbol, conciertos y premiaciones, exclusivos de canales por suscrición, la TV por suscripción seguirá teniendo un valor de mercado que le permitirá crecer y mantenerse viable.

Por: Gabriel E. Levy B. Y Sergio Andrés Urquijo