torre del reloj

Esta estructura ha sido testigo de la historia de Cartagena, también conocida como la puerta del reloj o boca del puente. Rodolfo Segovia, el autor de las [fortificaciones de Cartagena de indias] cuenta que este era un viaducto de madera que pasaba sobre el Cano de San Anastasio, un riachuelo de agua de mar que separa el Isla de Getsemaní desde la isla de Calamarí. En 1631 el ingeniero militar Juan De Herrera emprendió esta exitosa obra Hispanoamericana posiblemente una de las mejor conservadas del nuevo mundo.

En definitiva, no se puede visitar esta ciudad sin apreciar cada uno de sus rincones, de la misma manera que Gabriel García Márquez lo hacía al relatar lo que sentía: Habíamos llegado a la gran puerta del Reloj. Durante cien años hubo allí un puente levadizo que comunicaba la ciudad antigua con el arrabal de Getsemaní y con las densas barriadas de pobres de los manglares, pero lo alzaban desde las nueve de la noche hasta el amanecer. La población quedaba aislada no sólo del resto del mundo sino también de la historia. Se decía que los colonos españoles habían construido aquel puente por el terror de que la pobrería de los suburbios se le colara a medianoche para degollarlos dormidos. Sin embargo, algo de su gracia divina debía quedarle a la ciudad, porque me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer.

Por: Egling Meriño
Arquitecto graduado de la Universidad San Buenaventura. Instagram: eg.merino