Particularmente en la más cercana realidad, y posiblemente a nivel mundial, las características s ha puesto de manifiesto de esta nueva modalidad tiranía democrática que ha puesto de manifiesto los riesgos de una centralización gubernamental desmedida, que suprima el equilibrio de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, así como elimine las asociaciones intermedias, dejando al individuo aislado e impotente frente a una todopoderosa maquinaria administrativa estatal.

Más allá de ideas, de pensamientos políticos, de siglas y especialmente de personas, que comenzaron siendo líderes y están degenerando en tiranías democráticas. Quien se sienta identificado y me critique, con diferentes apelativos, dependiendo de su vertiente ideológica, eso sólo aportara credibilidad a estas afirmaciones que hago desde este artículo.

“A los tiranos no se les apacigua, a los tiranos se les enfrenta” —decía Krauze—, en esta tesitura no quedan más alternativas que enfrentarlos, no atacarlos o insultarlos, sino responder con los recursos diplomáticos, legales, económicos y morales que tenemos a nuestro alcance para poder terminar con ellos desde la humilde pero no menos fuerte ciudadanía.

Detrás de esta historia que estamos viviendo hay una idea que resuena: el ejercicio ético de la política. En algunos lugares se está perdiendo la oportunidad de responder a los ataques e insultos, originados en el prejuicio de aquellos que se erigen como tiranos manipuladores. Si capitulamos ante esta agresión para “hacerles el juego” se logrará solamente el objetivo de aquellos que prefieren “reírse de los payasos antes que analizar y condenar el autoritarismo populista”.

Tengo que aclarar dos términos, populacho y el pueblo. El pueblo es en todas las grandes revoluciones el que lucha por la verdadera representación, independientemente de banderas, ideas y siglas políticas. Populacho es aquel que siempre grita en favor del hombre fuerte, del gran líder, ha sucedido en demasiados lugares y en tiempos diferentes, con resultados desastrosos para el verdadero pueblo.

Con relación a esa urgencia, tan generalizada en estos tiempos, y en el modelo educativo de fomentar liderazgos creo que se debe enfocar con mucho mejor.

Evidentemente, el liderazgo puede degenerar, y está degenerando en tiranía unipersonales o compartidas en algunos casos y consentidas por diferentes cómplices, algunos escondidos tras diferentes falsas oposiciones gubernamentales.

No es difícil ver a un autócrata que atrae. La gente lo sigue y va transformando realidades, pero con frecuencia utiliza a los demás y deja de ser una persona que sirve a la gente para convertirse en alguien que somete a otros para sus fines personales.

El que quiera entender que entienda, pero mi boca no la sellarán, ni mis palabras apaciguaran.

Existen dos tipos de tiranos los gobernantes que se han convertido en tiranos por el injusto ejercicio de poder, ejemplos no nos faltan y aquí dejo a la inteligencia del lector, por un injusto ejercicio de poder o los usurpadores que lo detentan de forma poco legítima, en estos momentos muy escasos y marcados, los cuales no cito, pero es obvio que hablamos de países como Venezuela u otros de semejanza parecida, aunque de pensamientos contrarios.

Lanzo un grito desesperado y es fundamental destacar que el tratamiento de la resistencia en toda la obra suareciana viene marcado por la distinción entre dos tipos de tirano: de un lado, el gobernante que se ha convertido en tirano por un injusto ejercicio del poder; de otra parte, el usurpador que detenta el poder sin título legítimo.

Para terminar, acabo con la frase de “A los tiranos no se les apacigua, a los tiranos se les enfrenta” de Krauze y todos somos ciudadanos…

Por: José Luis Ortiz