Mucho se ha dicho desde que el periodista Daniel Coronell le pidió explicaciones a sus jefes en la revista Semana, por haber engavetado una investigación sobre los documentos entregados a ese medio por militares que querían que el país conociera que, a través de una circular y unos formularios de control de competencias, se trazaban directrices a las Fuerzas Armadas que podrían conducir a una nueva versión de las ejecuciones extrajudiciales practicadas por agentes del Estado, eufemísticamente conocidas como «falsos positivos», que tiene una triste historia en Colombia, en donde aún no se han investigado a los autores intelectuales de un exterminio que para los investigadores llega a entre 3 mil y 5 mil inocentes asesinados. Semana dijo que respetaba la posición del periodista, defendía la libertad de expresión y no había engavetado la investigación, pero luego lo echó, ante lo cual abundó la solidaridad con Coronell y miles de personas cancelaron su suscripción a Semana.

En El Tiempo, Coronell expresó que Semana, «luego de mi despido… reconoce que sí cometieron errores… El de no publicar cuando ya tenían información suficiente. En este caso, publicar con el rigor necesario y en el momento oportuno podía salvar vidas. Desde febrero hay episodios en investigación. El asesinato de Dimar Torres es uno de ellos… Semana informa que a Torres lo iban a hacer pasar por un guerrillero del ELN», acusación suficiente que debe ser aclarada por el gobierno «UriDuque», puesto que Torres fue asesinado por un efectivo del ejército. Coronell agregó que «artificialmente han tratado de convertir esto en un debate sobre la «chiviada». La verdad es que The New York Times no tenía la historia… no estaba compitiendo con la prensa colombiana… La información solo la tenía Semana por meses y no la publicó. Fue entonces cuando las fuentes –se sentían en peligro porque la filtración había llegado a oídos de la cúpula– decidieron buscar a un medio internacional, porque concluyeron que en Colombia no les iban a publicar la denuncia». Con este argumento, aunque Semana diga lo contrario y ante la evidencia de las reuniones de sus directivos con el gobierno, queda claro que la engavetada tenía como objetivo principal cuidar la imagen de un gobierno como el de “UriDuque”, que tiene la intención de polarizar al país regresándonos a la violencia de los gobiernos de su mentor Álvaro Uribe.

Se ratifica que en Colombia existe una mordaza en contra del periodismo y de los sectores sociales que no están de acuerdo con el modelo económico neoliberal, ni con muchas actuaciones oscuras de este gobierno. Hay que recordar que avanzan en el Congreso reformas a la libertad de prensa, que para las agremiaciones busca que el Estado pueda limitar dichos derechos; pero además se impuso una reforma a la  Tecnologías de la Información y las Comunicaciones –TIC– que, según el senador Jorge Robledo, afectará, además de a la cultura nacional, a los medios de comunicación públicos: radio y televisión, y también a las redes sociales, que serían los llamados a garantizar esa libertad de expresión, concentrando el poder en los grandes medios de comunicación que están al servicio de sus grupos económicos, patrocinados por el propio gobierno. ¡Con Coronel aumenta la lista de periodistas descabezados por el «delito» de ejercer la libertad de expresión en Colombia!

Por: William Hundelhausen Carretero
Presidente Nacional APIC

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