La violencia ejercida contra la mujer es un fenómeno que desafortunadamente sigue estando vigente en numerosos países, sobre todo la violencia verbal, doméstica, sexual y económica, que en particular continúan siendo comunes y hasta vistas con cierta naturalidad en demasiadas sociedades del mundo.

Prevenir, educar, dialogar, informarse en cuanto a deberes y derechos desde el ámbito legal, romper de forma positiva las cadenas generacionales familiares  y culturales, aprender a detectar los factores de riesgo, aprender a defenderse física y profesionalmente, podría ser uno de los pasos prioritarios en esta lucha, ya que una de sus primeras manifestaciones suelen ser la invalidación de la mujer como ser humano, el irrespeto, la violencia verbal y degradación a que son sometidas muchas mujeres por sus familias, sus esposos y hasta por sus propios hijos, siguiendo esa “tradición cultural nefasta”.

Todos somos conscientes de que las secuelas psicológicas de estos abusivos comportamientos son iguales o peores que el maltrato físico y que desgraciadamente muchas veces terminan en feminicidios e impunidad.

Hace falta revisar, erradicar de las familias y de las mentes, esas convicciones erróneas de machismo patriarcal que trascienden las generaciones, valorar y dar a la mujer desde su niñez, las herramientas necesarias como el respeto, el amor propio y la educación, fomentar sus aptitudes para reconstruir su autoestima, amplificar sus horizontes, al igual que extender y unificar esa red de apoyo entre los diversos organismos que trabajan en pro de la mujer a nivel global como lo son las organizaciones de derechos humanos, la justicia penal, sicología, medicina, educación y leyes, en pro de aplicar justicia, equidad e igualdad en la prevención, detección y penalización de este terrible delito que afecta a nuestras sociedades.

Por: Rossi Er
Colombia