Hace unos días, en medio de la controversia suscitada entre el alcalde de Cartagena, William Dau, y los Concejales de la ciudad, surgió una voz que con actitud de reto y casi en medio de ladridos se lazó a decir que apostaba su credencial porque para el alcalde los días, como mandatario, estaban contados.

Pasadas unas horas, el profético aullido escuchado en la sesión virtual quedó sin dueño, y por el contrario, el presunto autor del ultimátum, con voz entrecortada y apesadumbrado, se despachaba a través de las redes sociales desmintiendo su autoría.

A los pocos días de este reto del señalado Concejal expresado en ese trance de ladridos contra el mandatario, apareció el alcalde la ciudad, William Dau Chamatt, a la cabeza de los mejor calificados en el país por el manejo que le ha dado a la crisis de la pandemia en la ciudad; puntaje que recientemente fue ratificado con una aceptación ciudadana del 72%, superada únicamente por la alcaldesa de Bogotá.

Pero, así como sucedió con el señalado Concejal y su oráculo contra los días del alcalde de Cartagena también ha venido sucediendo con otros, que pareciendo estar ladrándole a la luna, y entre otras cosas, con pocas credenciales de credibilidad, se han dedicado a calumniar, irrespetar, injuriar y hasta a dar por ciertas, suposiciones que llegan a sus extraviadas mentes o les indican, para tratar de desprestigiar las acciones de este gobierno.

Dijeron que el contrato con la firma Veneplast para adquisición de mercaditos estaba viciado de moralidad por supuestos vínculos familiares de la señora Irina Saer, coordinadora del empalme de Dau con Pedrito, y resultó ser falso. Nada tiene que ver la familia Saer con la firma contratada; como también resultó ser falso el supuesto y perverso imaginario de los denunciantes en cuanto a que tal empresa no tenía habilitación jurídica para suscribir dicho contrato. Ladridos a la luna.

Ahora, sin argumentos suficientes ni fácticos, o sea, basado en los hechos y no en lo imaginario, otros denunciantes, también de pocas credenciales y escasas virtudes éticas han procurado incomodar nuevamente al alcalde y a su administración censurando supuestos sobrecostos en la compra de ciertos insumos para atender la urgencia de la pandemia. Ladridos a la luna.

Otro hecho similar fue el también recientemente ocurrido cuando trataron de vincular a la doctora Diana Martínez, Secretaria General de la Alcaldía de Cartagena, como la autora y determinante en un contrato donde aparecía como suscriptor un familiar suyo, y que ella al saberlo, por desconocerlo, ordenó su inmediato desmonte.

Y todo lo anterior sin hacer mención a ciertos periodistas, si es que así se les pueden llamar, que utilizando un ofensivo y vulgar lenguaje no bajan al alcalde de ladrón, ratero, fumador de marihuana de la verde, y otras expresiones de tan grueso calibre y desparpajo que por su connotación chabacana y soez no vale la pena traer a referencia en este escrito.
Cuando titulaba este artículo como “Ladridos a la luna”, vinieron a mi mente recuerdos de infancia que me hicieron comparar la actitud de esos a los que “se les cayó la estantería”, con aquellos momentos cuando decíamos que, al pequeño lagarto, al que todavía llamamos “lobito”, quedaba “mentando madre” al cortársele su rabo de manera accidental o provocada, así está ocurriendo con los que a diario no encuentran por donde atacar al Alcalde; viven “mentando madre”.

Estos “Ladridos a la luna”, voces inútiles y cargadas de odio contra el alcalde, probablemente seguirán por los cuatro años; por todo esto, yo, que no tengo credencial de concejal sino solamente mi cedula de ciudadanía, la seguiré apostando a la honestidad de Dau.

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018