Incluso en medio de la discordancia de Times Square, es difícil no escuchar los timbres de los teléfonos que suenan cada siete o nueve minutos. No, el sonido no proviene de tu bolsillo ni de tu bolso, y no, no te lo estás imaginando.

El origen de las llamadas —y de la curiosidad de quienes pasan por ahí— son tres cabinas telefónicas en Duffy Square, entre las calles 45 y 47. Sí, cabinas telefónicas: son recuerdos de tiempos pasados y en su mayoría relegadas a las películas, pero están de regreso para su uso público.

Bueno, no exactamente

Rescatadas de LinkNYC, el programa de la ciudad para remplazar los teléfonos públicos con kioscos con wifi, las cabinas son parte de la más reciente instalación de Times Square Arts, el programa público de arte de Times Square Alliance. El proyecto, “Once Upon a Place”, por Aman Mojadidi y en exhibición hasta el 5 de septiembre, examina la experiencia del inmigrante a través de relatos orales presentados en forma de llamadas telefónicas, que tratan de manera general los temas de la pertenencia y el desplazamiento.

“La idea de las historias y del uso de las cabinas telefónicas fueron concebidas juntas”, dijo Mojadidi, un artista afgano-estadounidense. “Estaba fascinado con el retiro de las cabinas telefónicas y el hecho de que ya no son utilizadas. Las he usado desde mucho antes de que surgieran los teléfonos celulares, así que al comenzar a ver cómo desaparecen, me di cuenta de que podrías imaginar todas las historias que me han contado a través de cabinas telefónicas”.

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Tres cabinas telefónicas fueron rescatadas y equipadas con teléfonos públicos antiguos, los cuales fueron convertidos en reproductores de audio. Credit Vincent Tullo para The New York Times

Aunque Mojadidi originalmente planeó que las cabinas estuvieran por toda la ciudad, su ubicación final resultó ser simbólica y práctica.

“Cobró sentido con la esencia de lo que es Times Square, un espacio internacional y muy visible”, dijo Mojadidi y agregó que espera que la instalación genere en los visitantes un interés por explorar su linaje y retar los estereotipos sobre la migración. “Este tema de la migración se ha vuelto muy politizado. Alrededor del mundo, cualquier ciudad grande se construyó gracias a la migración y no fue destruida por ella”.

Mojadidi y su equipo tardaron dos meses en reconfigurar las cabinas telefónicas en el patio de la Armada en Brooklyn. Ahí, se aseguraron de que las puertas cerraran, instalaron un aparato para sostener un directorio telefónico falso que contiene información sobre las comunidades de Nueva York donde viven los narradores de historias de los audios de las llamadas, y colocaron techos de plástico, entre otras cosas.

Al principio, Mojadidi deseaba colocar un material oscuro en las cabinas para aumentar la sensación de intimidad pero decidió no “pelear contra el caos visual del lugar” y dejó las cabinas transparentes y con los grafitis intactos.

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Un “directorio” está disponible en cada cabina para brindar contexto acerca de las comunidades presentadas. Credit Vincent Tullo para The New York Times

Los teléfonos fueron convertidos en reproductores de audio y cargados con 70 historias recolectadas alrededor de la ciudad durante varios meses.

Mojadidi dijo que obtener los relatos orales fue un reto, debido al actual clima político y las preocupaciones entre los migrantes sobre el veto migratorio del gobierno de Trump.

“Todas las personas dudaron y sospecharon de lo que estábamos haciendo, la mayoría de la gente se alejó”, dijo y agregó que la participación disminuyó tras la victoria de Trump en las elecciones. Para combatir el escepticismo, Mojadidi trabajó en algunas ocasiones con centros culturales para ayudar a organizar eventos donde la gente pudiera compartir sus historias en un ambiente familiar.

Finalmente, neoyorquinos de una gran variedad de países, incluidos Tíbet y Nigeria, compartieron sus recorridos personales. Las historias duran desde 2 hasta 15 minutos y son narradas en diferentes idiomas.

Quienes pasaron por Times Square el 4 de julio se detuvieron a admirar las cabinas por su atractivo y se tomaron selfis. “Ya no ves cosas como estas”, dijo Jonathan Barrientos de Nueva Jersey. “Es algo inesperado”.

La historia de cada migrante escuchada a través del teléfono dura entre 2 y 15 minutos. Credit Vincent Tullo para The New York Times

 


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