El concepto de sangre azul, durante muchos años se ha usado para identificar a las clases monárquicas, no solo de los reyes sino también los títulos nobiliarios de condes, vizcondes, marqueses, duques entre otros.

Al parecer la idea de esa sangre azul proviene en que los nobles (principalmente de lugares europeos) siempre han llevado una vida placentera, con sumos cuidados de la piel, y muchos de ellos al tener la piel tan blanca dejaver las venas en color azul, en tanto los plebeyos, expuestos a los duros trabajos del sol, denotan pieles más oscuras, claro la analogía es relativa, pues muchos trabajos u oficios de obreros no obligan a estar ante la influencia continua de la luz solar y si el individuo es de piel clara según la raza, pues también podría mostrar las venas azules.
Sin embargo esas creencias están llenas de ironías, pues la tal nobleza en el decurso de la historia ha reflejado, que está conformada por personas llenas de apetitos y placeres vergonzosos.

Es más, se sabe que los emperadores romanos en su mayoría vivieron entregados a las conductas más viles. En siglos posteriores, se evidenció como el rey inglés Enrique octavo fue adúltero y promiscuo, por eso pretendió casarse muchas veces, no sin antes enviar a ejecutar a algunas de sus ex compañeras.

En el caso de la nobleza de la Inglaterra actual, se ha visto como los príncipes han tenido trato con mujeres licenciosas entre otras actitudes mal vistas, aun así esa aparente realeza, exige todo respeto y admiración. En el caso de la corte de España, la vanidad llega a extremos de mandar a traer agua del río Jordán, para que sean bautizados los príncipes que nacen.

En el matrimonio del príncipe Guillermo de Inglaterra con una muchacha (no de la nobleza) al parecerse se excluyeron de invitación a la boda, a los parientes de la clase trabajadora, hecho que demuestra la prepotencia de los reyes ingleses que ven al pueblo como algo despreciable. Pero se olvidan que es la misma plebe la que siempre les ha sostenido económica y políticamente en sus puestos.

Cosa distinta consideró Jesucristo: “mi reino no es de este mundo”, con lo cual enseñó que el verdadero rey es Él mismo (Rey de reyes y Señor de señores). Y aunque lo anterior es una verdad absoluta, Jesús quiso nacer en un establo y sobre un pesebre humilde tal como lo narró San Lucas en su evangelio.

San Mateo de su parte escribió: «Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios de Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas y preguntaron ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?»

De todas maneras en el reino celestial, quienes disfrutarán de gozos, serán los que en este mundo fueron pobres, despreciados y humillados y que incluso hasta derramaron su sangre “no azul” pero verdaderamente real, así como Jesucristo derramó la suya para redención de muchos.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos