Las ocho partes de cuerpo humano que no nos sirven para nada, reveladas

173

Pareja¿Nunca te has preguntado por qué los hombres tienen pezones si no los necesitan para alimentar a las crías humanas, más comúnmente conocidas como bebés? ‘Bueno, pueden sentir placer si se excitan correctamente’, pensarás. Muy bien, pero ¿y los lóbulos de las orejas? ¿qué función ejercen? ‘¿La de mantener en pie la industria de la bisutería?’, podrás contrapreguntar. Sin embargo, para la ciencia no hay excusas que valga ni razonamientos aceptables: hay partes del cuerpo que sobran, y punto.

“Son rasgos o reacciones que a nivel evolutivo ya no necesitamos”, asegura el doctor Andrew Rochford en ‘The Daily Mail’ donde recoge las partes del cuerpo humano que no tienen ninguna utilidad para nuestra supervivencia ni salud y sin las que podríamos vivir perfectamente, pero ahí siguen.

1. Lo pezones (masculinos)

Quizás no lo sabías, pero cuando comenzamos a crearnos en el vientre materno todos somos mujeres. Con el tiempo los varones reciben el cromosoma Y, el detonante de que desarrollen genitales masculinos. Así, los pezones son un rasgo heredado del aquella cómoda estancia en sus madres que realmente no tienen ningún propósito. Vaya, que a nivel morfológico hacen el papel del souvenir de ‘Alguien que te quiere mucho te regaló estos pezones para que recuerdes cuando eras mujer’.

En línea con la batalla del doctor por señalar los rasgos físicos que a su entender “solo son un excedente”, el joven artista Karim Boumjimar ha querido demostrar que los hombres pueden sobrevivir sin pezones. ¿Cómo? Por la vía rápida: tras quitarse los pezones, creyó buena idea subastarlos a través de Twitter al mejor postor. Su ‘obra’ demostró que físicamente, servirle no le servían para nada, aunque como bien de intercambio le funcionaron.

2. El apéndice

Rochford lo tiene clarísimo: ese pequeño órgano en forma de tubo que está unido al intestino grueso y se encuentra en la parte inferior derecha del abdomen, no lo necesitamos para nada: “Hubo una época en la que el apéndice ayudaba a digerir ciertos materiales vegetales que consumían los seres humanos, sustancias que nunca hemos vuelto a comer”. Por lo general, tampoco importa mucho que esté ahí porque no ejerce influencia alguna en nuestras vidas, pero como se inflame y suframos una apendicitis… tocará extraerlo después de padecer unos dolores de lo más desagradables.

3. Los senos paranasales

En anatomía, los senos nasales o paranasales son un conjunto de cavidades aéreas que se encuentran en los huesos frontales, esfenoides, etmoides y maxilar superior y que comunican con las fosas nasales. Algunos expertos creen que estas cavidades pueden influir en nuestra respiración, fonación y olfato, pero Rochford no: “Los senos paranasales solo son espacios llenos de aire en medio de la cabeza que pueden provocarnos terribles dolores de cabeza”. Aunque, ojo, encuentra que pueden resultar útiles para las personas con cabezas de un tamaño fuera de lo normal “ya que pueden ayudarles a aligerar un poco de peso”, explica, suponemos, bromeando.

4. Los músculos que mueven las orejas

Todos los tenemos pero, a no ser que aprendamos a desarrollarlos a tales niveles que el espectáculo que podamos ofrecer nos sirva para mantener nuestra economía familiar, no sirven para nada. Al contrario que en el resto de animales, para los que resulta de lo más útil mover sus orejas para captar mejor los sonidos ambientales, cazar o pillar por sorpresa a un depredador que les acecha, la posibilidad de mover las orejas, a lo sumo, sirve para que la gente se eche una risas contigo. Espera, ¿no será de ti?

5. Las amígdalas

“Podemos vivir sin ellas, no son más que una parte del sistema inmunológico que no necesitamos”, sentencia el doctor anti excesos corporales. Pese a que hace unas cuantas décadas que ha dejado de hacerse, son varios los estudios que defienden su extracción a edades tempranas para evitar problemas de salud. El hecho, es que estas extensiones de tejido linfoide situadas en la laringe son útiles para proteger la entrada de las vías respiratorias de la invasión bacteriana, pero sólo cuando somos pequeños, concretamente hasta que cumplimos los tres años. A partir de ahí, las amígdalas podrían incluso convertirse en el peor enemigo de nuestra garganta y sistema inmune provocando infecciones peligrosas como la que porta su propio nombre, amigdalitis.

6. Las muelas del juicio

Geniales para roer y arrancar la dura piel de animales recién cazados, la realidad es que las muelas del juicio hoy no son necesarias para el tipo de alimentos que consumimos. Por lo general, acaban desarrollándose en algún momento de nuestras vidas pero casi nadie sale indemne de este surgimiento. Se calcula que solo el 5% de la población cuenta con un juego sano de estos terceros molares.

O lo que es lo mismo: el 95% de las personas no tenemos hueco suficiente para que salgan por completo las cuatro muelas del juicio lo que se traduce en dolor e incluso en una desestructuración de su sonrisa ya que, para hacer hueco a las nuevas el resto de los dientes terminan por moverse hacia delante o atrás o superponerse sin un orden lógico. De ahí que muchos dentistas opten por extraerlas en el mismo momento en el que empiezan a asomarse, por si las moscas.

7. Los lóbulos de las orejas

“¿Para qué pueden servirnos aparte de para ponernos pendientes?”, se pregunta algo exaltado el doctor, y razón no le falta la verdad. No, no sirven para nada. De hecho, probablemente la evolución esté más cerca de ti de lo que crees: mira a tu alrededor, ¿cuántas personas ves con el lóbulo unido a la cabeza en lugar de quedar colgando? Pues de ese paso a que desaparezcan no queda mucho, y seguramente hayas contado a más de una de esos afortunados seres que para ti casi parecen del futuro.

8. El cóccix

Si comparásemos el desarrollo humano con una serie, está claro que el cóccix formaría parte del “en capítulos anteriores de la evolución de tu cuerpo”, pero de la primera temporada. Así es, hace milenios los humanos teníamos una especie de cola que nos ayudaba a mantener el equilibrio. Aunque a más de uno podría resultarle útil hoy en día para no andar dando tumbos tras una noche de excesos, lo cierto es que de aquella cola solo nos queda el cóccix, la última vertebra de la espina dorsal que no, no sirve para nada.

Habrás escuchado como las voces que defienden su permanencia alegan que sí, que ayuda a mantener el equilibrio. Puede ser, pero su supuesta función también se traduce en un intenso dolor cuando nos caemos de culo o no sentamos en el suelo, véase, cualquier clase de yoga o pilates o, por qué no, una asamblea de indignados.

Califica la noticia

Permitida su reproducción total o parcial citando la fuente